martes, 17 de abril de 2018

La Regla de Oro en la Gestión



En el mundo empresarial y profesional es más común ver en acción la mentalidad ojo por ojo y diente por diente, que la regla de oro. La regla de oro es aquella que dice “Haz a los demás todo lo que quieras que te hagan a ti”; o, lo implícito no le hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti. El asunto en la práctica empresarial seria preguntarse: ¿Cómo te gustaría que te tratara algún cliente al que se le despacho de más o se le cobro menos de lo que correspondía? ¿Quisieras ser advertido de algún empleado que no está siendo leal? ¿Te gustaría conseguirte siendo hurtado por alguno de tus trabajadores? o, ¿Cómo te gustaría que fuese la comunicación y el proceso de renuncia de un empleado? Pero realmente todo esto se torna hacia la autorreflexión: ¿Cómo trato yo a los clientes, proveedores, o empleados? ¿Estoy reflejando un trato adecuado y de honra? ¿Es obvia la regla de oro en mi gestión profesional y/o empresarial? En una oportunidad le dimos más tiempo del originalmente acordado a alguien para incorporarse a trabajar con nosotros, la razón era que en el otro sitio de trabajo (de donde venía) aún no habían conseguido a alguien más para reemplazarle, y era de suma trascendencia su gestión. En el momento eso significaba dilatar nuestra urgente necesidad y satisfacer al otro empleador, o sencillamente presionar al empleado a cumplir el acuerdo de incorporarse a trabajar inmediatamente con nosotros. Sin embargo, pensé, ¿cómo me gustaría que me trataran si el caso fuese que algún trabajador mío estuviese yéndose a trabajar con alguien más? ¿Me gustaría que me avisaran con tiempo y que me dieran el tiempo necesario para buscar su reemplazo? Claro que sí, y afortunadamente así lo hicimos. Esto es un asunto que va más allá de lo que pueda estipular la ley, es incluso un asunto de sentido común, de aprecio básico, de convivencia esencial y de gentileza mínima para con alguna persona y/o sistema empresarial. Así funciona la regla de oro.

Para reflexionar: De la manera como trates sistemáticamente a los demás construirá la cultura con la que vivirás.

Jesús A. Sampedro Hidalgo. Valencia-Venezuela.

martes, 10 de abril de 2018

¿Hijos Profesionales?



En la cultura latina es usual ver a padres trabajar duro para ver crecer a sus hijos hasta llegar al punto cumbre de ser profesionales o graduarse en la universidad, cumpliendo así el más alto estándar de expectativa que la cultura impone. Lo implícito es que al ser profesionales podrán hacerse de un status de vida que garantice su estabilidad económica, social y cultural. Pero, ¿es eso realmente el más alto estándar, según la Biblia, que Dios tiene para la crianza?, ¿Es esa la más alta expectativa o hay algo más importante para el futuro de los hijos?, ¿Qué hay del carácter, las relaciones, la resiliencia, el conocimiento de Dios, entre otras dimensiones? Si bien es una buena aspiración querer que los hijos estudien, se preparen, se gradúen de “profesionales”, y lleguen lejos en su área de especialidad; sin embargo, el dominio del asunto vocacional ha de estar conectado primordialmente con el conocimiento de Dios y la alineación a sus propósitos. El rol del padre es transferir a la nueva generación riqueza, principalmente intangible y espiritual en forma de capacidad para afrontar integralmente los retos de la realidad. Y parte de ese legado implica  aprender a conocer a Dios, a reconocerlo y a responder apropiadamente a sus aspiraciones. Un hijo bien equipado es un hijo a quien se le ha enseñado de Dios, ha aprendido de Él, le ha experimentado; y por consiguiente anhela con todo su corazón serle obediente y fiel. Eso le posicionará para tener éxito integral en el largo plazo. Si bien ambas perspectiva  pueden aspirarse y convivir (lo profesional y lo espiritual), pero es la última la que trae fruto que impregna a otras áreas vitales.

Para Reflexionar: La dimensión espiritual del legado generacional es la nuclear, las otras dimensiones son periféricas.

Jesús A. Sampedro Hidalgo. Valencia-Venezuela.

martes, 3 de abril de 2018

El liderazgo como fuente de trasformación social




Tendría unos nueve años de edad la tarde que un indigente tocó a la puerta de mi casa. Yo mismo abrí y recuerdo que poco después le di a aquel hombre –a todas luces hambriento- algunas frutas que tomé de la cocina. Nunca he podido olvidar la desesperación con la que él tomó una banana y la comenzó a devorar, sin siquiera quitarle la cáscara. Yo, un tanto sorprendido, le dije:

—No señor, así no se come. Se le quita la cáscara.
—Ay hijo —contestó, casi sin distraerse—, ¡para el hambre que yo traigo!

Algo me quedó claro, fue que el hambre de ese hombre era tal que no se daría el ‘lujo’ de desperdiciar nada, ni la cáscara siquiera.

La pobreza es algo no deseable y a lo que rehuimos de forma natural; sin embargo, la Biblia nos enseña dos aspectos importantes sobre la pobreza que debemos considerar:

1. Jesús dijo: «A los pobres siempre los tendrán entre ustedes…». Los esfuerzos por erradicar la pobreza nunca serán demasiados, los pobres no se eliminarán por decreto, ni será por alguna estrategia política o filosofía económica por la que la pobreza se convertirá en historia. El compromiso de ayudar a los más necesitados debe surgir de manera natural en un corazón sensible y agradecido con Dios. En una cultura ambiciosa y consumista nunca sentimos tener lo suficiente, eso nos quita de la vista a aquellos más desfavorecidos, y no solo a aquellos que están al otro lado del planeta, sino aun a los que viven en nuestras propias ciudades. La cultura nos mueve a huir de la pobreza, pero Dios nos invita a buscar a los pobres y tenderles la mano.

2. Otro aspecto revolucionario en relación con la pobreza lo encontramos en el discurso más popular de Jesús de Nazareth, Las Bienaventuranzas. Él dijo: «Bienaventurados los pobres en espíritu…».

Cuando leí con atención por primera vez estas palabras de Jesús vino a mi mente el recuerdo del indigente que conocí siendo un niño y del beneficio posterior de su saciedad. Comprendí entonces que es una bendición tener hambre y sed por la palabra y la presencia de Dios, al grado de no desperdiciar nada de lo que él tenga para mí.

Para reflexionar: Solemos evitar el sentirnos hambrientos, pero es necesario estarlo para entonces ser verdaderamente saciados.


Edgar Medina. Monterrey - México.

martes, 27 de marzo de 2018

Comunicación, la herramienta número uno del Líder.






Una comunicación ineficaz tiene sus consecuencias. A veces suponemos que ‘no nos comunicamos’ con quienes deberíamos en la familia, la empresa, la escuela o en la iglesia, cuando la realidad es que lo hacemos, pero, de forma deficiente. El negarle la palabra a alguien con quien tenemos alguna molestia, por ejemplo, le estamos comunicando enojo, desaprobación y frustración sin la necesidad de decirle nada.

El Libro de los Proverbios declara: «Mis frutos son mejores que el oro más refinado; mis ganancias sobrepasan a la plata escogida» [Proverbios 8:19], y eso en referencia a los beneficios de la sabiduría. Aprender a comunicarnos sabiamente traerá a nuestra vida, a nuestro matrimonio, a nuestra familia, a nuestra iglesia u organización beneficios que literalmente no se pueden comprar con dinero. Pero, ¿cuál es el precio que sí hay que pagar para aprender a comunicarse eficazmente?

No es difícil reconocer que hay una deficiencia en la comunicación, lo difícil del asunto es: reconocer cuál es mi responsabilidad en el problema. Dar una solución real a nuestros problemas de comunicación con otros es algo que sin duda marcará una diferencia a favor de nuestras relaciones y proyectos. El precio a pagar no es bajo, pues asumir la responsabilidad nunca lo es, pero los beneficios son incomparables, vale la pena comenzar dando el primer paso en comunicar ‘disposición’ y esperar firme y pacientemente que los demás hagan su parte.

Para reflexionar: La comunicación es el alma de toda relación y la herramienta número uno del líder.


Edgar Medina. Monterrey - México.

martes, 20 de marzo de 2018

El líder que al hablar, inspira el alma



Pocas cosas son tan riesgosas como tomar decisiones críticas cuando nuestros sentimientos están a flor de piel. Las emociones son una parte maravillosa de la vida, pero no fueron diseñadas para guiarnos en la toma de decisiones. Muchos que así lo han comprendido cometen el error de ir al extremo totalmente opuesto cayendo en no considerar los sentimientos propios o ajenos en lo absoluto. A la hora de comunicarse con otros son capaces de decir lo correcto; pero, la manera y el momento no serán los más adecuados si dejan de lado la sensibilidad.

La agresividad es una forma común de comunicarse, porque brinda resultados casi inmediatos. Todos hemos sido testigos de que un ‘buen’ grito ha puesto a trabajar a más de un haragán en alguna ocasión. Quienes se comunican de esta manera no suelen tomar en cuenta los sentimientos de los demás. Su estrategia va de la acusación a la amenaza, pasando por la agresión verbal, emocional o física. ¡Qué terrible es tratar con alguien así!, pero más difícil aun es reconocer que ese ‘alguien’ somos nosotros.

El Libro de los Proverbios de Salomón dice: «Manantial de vida es la boca del justo; pero violencia cubrirá la boca de los impíos» [Proverbios 10:11], y con ello deja ver la notoria diferencia que podemos hacer sólo con la forma en la que nos comunicamos. Mientras que el agresivo genera violencia; quienes se comunican con asertividad manifiestan vida y justicia. Unos usan sus palabras para despedazar, otros para sanar los corazones heridos. Unos reciben lo que exigen, pero sin el alma vertida en ello. Otros pueden tener ambas cosas.

Cuánta razón tuvo el sabio rey Salomón cuando expresó: «Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; más la lengua de los sabios es medicina» [Proverbios 12:18].

Una comunicación adecuada es capaz de mostrar aprecio por los demás, valorando su esfuerzo y validando sus emociones, aunque no estemos conformes con los resultados de sus acciones. Es capaz de generar en la familia, la empresa o el equipo la atmósfera que se requiere para que las cosas sucedan por las razones correctas. Es capaz de hacer que los demás sean mejores personas después de habernos comunicado con ellos.

Para reflexionar: Comunicar aprecio es un generador de actitud de éxito en todo grupo de personas.

Edgar Medina. Monterrey - México.

martes, 6 de marzo de 2018

Visita en Oficina



En el CBMC International (según sus siglas en español CPEC, el Comité de Profesionales y Empresarios Cristianos) se ha mantenido activa a lo largo de los años una práctica llamada “Visita en Oficina”, la cual es una especie de protocolo intencional (acordada o no) que permite a un profesional o empresario miembro del CPEC encontrarse con otro empresario o profesional en su propio mundo, tratar de comprender mejor su realidad/necesidad y manifestar aprecio genuino. Visitar a alguien es al menos un acto de amabilidad, y además servirle como un suplidor ante sus necesidades, como apoyador en momentos de dificultad, como alentador ante los retos, como coach para la óptima gestión y como tutor ante el desconocimiento de la Biblia y sus aplicaciones a la cotidianidad. Pero estas visitas, que al comienzo son casuales (y que pueden llegar a ser habituales), de lo que realmente se trata es del discipulado espiritual. Intentan generar un intercambio enriquecedor, real y creciente por medio de un gesto de amabilidad que se proyecta en el tiempo y que ocurre a través de una serie de conversaciones transformadoras. Discipular implica ser intencional y sacrificial en volcar la vida de Dios en ellos. Es intencional ya que no ocurre por casualidad, ha de meterse en la agenda como una prioridad. Tal como comenta Jim Firnstalh, “Mientras su última comisión sea nuestro primer compromiso, tenemos una buena esperanza hacia el futuro”; esto en referencia al llamado de Dios a todo creyente de “ir y hacer discípulos” (San Mateo 28:19). Discipular no es un asunto de atraer personas, es un asunto de ir a las personas (Visitarlas) para llevarles las buenas nuevas, instruirles en la sabiduría bíblica y acompañarles en donde están para la puesta en práctica de lo aprendido.

Para Reflexionar: ¿Cuándo fue la última vez que visitaste a alguien con el objetivo de añadirle valor espiritual?


Jesús A. Sampedro Hidalgo. Valencia-Venezuela.


martes, 27 de febrero de 2018

Los buenos Logros requieren Maduración


Vivir bajo la premisa que “todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”, implica que las cosas requieren un tiempo para adquirir madurez; un tiempo en que se pueden gestionar. Esto demanda entender que la vida funciona por procesos y no por eventos. Ningún momento es absoluto. Este paradigma es opuesto a la mentalidad de micro ondas y de recetas instantáneas de esta época en que vivimos. Hoy en día impera un sentido de urgencia muy dañino.

No se puede apurar el tiempo, como no se puede empujar un río. Hay un tiempo apropiado y oportuno para ciertas cosas, que demanda la madurez de la situación. Tampoco podemos acelerar los procesos, saltando etapas en el proceso, y obviando las leyes naturales. No podemos cultivar antes de sembrar. En ocasiones necesitamos dar tiempo al tiempo, vale decir, dar lugar a que las situaciones maduren, permitiendo que transcurran de un modo natural. Necesitamos curarnos de la inmediatez que busca resultados a corto plazo.

La prisa es madre de las equivocaciones. Lo que se hace sin consideración de largo plazo, tiende a desaparecer muy rápidamente. Un negocio no se levanta de la noche a la mañana, ni una habilidad se construye en un día.

Para aprovechar el tiempo – tiempo de oportunidad – y alcanzar resultados duraderos, necesitamos cultivar la paciencia, para esperar el tiempo apropiado y la circunstancia madura.


Para reflexionar: La madurez no es instantánea y nunca lo será. 

Arnoldo Arana. Valencia - Venezuela