miércoles, 9 de agosto de 2017

En busca de la sabiduría



Afortunado el que halla sabiduría, el que adquiere inteligencia; porque ellas dan más ganancias que la plata y rinden más beneficios que el oro. Valen mucho más que las piedras preciosas; nada de lo que puedas desear se les puede comparar. Con la mano derecha ofrecen larga vida, y con la izquierda, riquezas y honor. Sus caminos son agradables, y pacíficos todos sus senderos. La sabiduría es árbol de vida para los que la consiguen; qué afortunados son los que la retienen.Proverbios 3:13-18

El rey salomón nos dice que  no hay nada que el hombre pueda adquirir o desarrollar que sea tan valioso y provechoso como la sabiduría. “Vale más la sabiduría que las piedras preciosas, y ni lo más deseable se le compara” (Proverbios 8:11). Alcanzar, entonces, sabiduría debería representar uno de nuestros mayores objetivos, y una de las cosas en las que trabajemos con más empeño.  

Dice Charles Stanley: “Sólo hay dos formas de pasar por la vida: con sabiduría o sin ella. Sólo hay dos tipos de decisiones: sabias o imprudentes”. ¿Está usted tomando decisiones sabias? En todo caso, los resultados y el tipo de vida que construimos tienen que ver mucho con la sabiduría o la falta de ella con que nos conducimos. La sabiduría se observa en los resultados que obtenemos en nuestra salud física y emocional, en el desarrollo de nuestros negocios y emprendimientos, en el tipo de relaciones que cultivamos, en la forma como administramos el tiempo, en la forma de establecer nuestras prioridades y en la forma como tomamos decisiones. 

Ahora, caminar en sabiduría no es un proceso fácil ni libre de obstáculos. La sabiduría no es algo con lo que uno se tropieza; por el contrario, hay que buscarla con esmero y perseverancia. 


Para reflexionar: La sabiduría contribuye a trabajar más inteligentemente y menos laboriosamente. 


Arnoldo Arana. Valencia-Venezuela.

jueves, 27 de julio de 2017

Cuerpo sano en mente sana


 
El término hebreo para corazón apacible tiene el sentido de un corazón de sanidad o salud. La persona que mantiene su corazón en paz, en calma; sereno y sosegado, traduce ese estado emocional en salud para el cuerpo. Este es el caso de un hombre que no siente ruido en su interior, que no se desequilibra ni consume por las presiones del entorno. En esta actitud la persona mantiene un clima emocional interno que favorece la salud, y la enfermedad no lo devasta. Lo opuesto es un estado emocional de desazón e intranquilidad; de ansiedad y estrés, que consume como carcoma de los huesos. “El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste (roto, quebrantado) seca los huesos” (Proverbios 17:22).
 
Hay un dicho que reza: “mente sana en cuerpo sano”; pero creo que sería más apropiado decir “cuerpo sano en mente sana”. La forma como pensamos afecta nuestras actitudes, y estas juegan un papel importante en nuestra salud: en la adquisición, o desarrollo, o curación de la enfermedad. Ciertamente hay una estrecha relación entre el ánimo y la salud. El ánimo es la más sana medicina. La expresión no hay mejor medicina que un corazón alegre (Proverbios 17:22), subraya el valor de la actitud positiva y la salud emocional en el cultivo de la salud física, o en el restablecimiento de ella. El rey Salomón dijo: “El ánimo del hombre soportará su enfermedad; mas ¿quién soportará al ánimo angustiado (quebrantado, afligido, herido)?” (Proverbios 18:14). El buen ánimo es capaz de soportar o sobrevivir una enfermedad; pero cuando se pierde el ánimo, el optimismo y la esperanza, y se da lugar al desánimo y la ansiedad, el organismo acusa el golpe, y la salud se deteriora.
 
Para reflexionar: ¿Con qué pensamientos alimentas tu mente? "Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable... si hay virtud alguna... en esto pensad. Fil. 4:8
 
Arnoldo Arana. Valencia-Venezuela

martes, 18 de julio de 2017

Edificando la vida interior – Parte II




La raíz es el medio por el que una planta puede obtener del suelo los nutrientes y el agua que necesita para alimentarse, crecer y fructificar. El fruto del árbol (calidad, pureza) es determinado por la raíz. Y el comportamiento y las actitudes del hombre son determinados por su carácter. Si comparamos la vida del hombre con la de un árbol, diremos que lo que es la raíz (fuente de sustento y estabilidad) al árbol, lo es el carácter (identidad propia, conciencia de sí mismo, valores, emociones, voluntad) al hombre.

Stephen K. McDowell y otros autores llaman a esta relación “el principio del poder y la forma”. “Lo externo es determinado por lo interno. Todas las formas externas o estructuras provienen de algún poder interno”. El poder que es interno, precede a la forma, que es externa, y no al revés. El hombre es reflejo de este principio. Así en el hombre su fuerza y poder interior fluye de su carácter, y éste a su vez se nutre de su vida espiritual. Ron Jenson lo resume con claridad: “Su carácter es la raíz de tal fuerza y su espiritualidad es lo que le da vida a la raíz”. Este es un principio esencial en la vida del hombre, que genera poder personal, fuerza y virtud de  carácter, éxito integral, sentido de identidad y propósito, esperanza y satisfacción por la vida; o, por el contrario, aburrimiento, desencanto y hastío por la vida, vacío existencial, fatalismo, dificultad para lidiar con la cotidianidad de la vida, desesperanza y escepticismo. 

Sin integridad, entereza y coherencia de carácter, las habilidades, la inteligencia y la educación se hacen insuficientes para liderar con éxito una organización y lidiar con las demandas de la realidad.

Para reflexionar: Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida. Prov. 4:23 NTV.

Arnoldo Arana. Valencia – Venezuela.

martes, 11 de julio de 2017

Edificando la vida interior – Parte I


Lectura: Proverbios 4:23

¿De dónde procede nuestro poder y fortaleza personal para vencer los retos y desafíos con que la realidad nos confronta? ¿Qué es lo que energiza nuestra vida personal? El rey Salomón dice que la energía, fortaleza y poder provienen del corazón, vale decir, del alma del hombre: su carácter. Lo que hay en el corazón: emociones, pensamientos y voluntad, determina el carácter de la persona. Y el carácter es el centro del desarrollo del ser humano. Hemos dicho que el carácter determina la integridad, la entereza, la fuerza y la competencia de una persona. Así todo lo que ocurre externamente: comportamientos, palabras, hábitos y expresión emocional obedecen a lo que hay en el carácter de la persona. El carácter representa la raíz que alimenta la vida del hombre.

¿Dónde hallar la fuente de nuestro poder personal?

Si queremos energizar nuestra vida, necesitamos, entonces, retornar / conectarnos con nuestro carácter y con las raíces espirituales que lo alimentan. Al respecto comenta el Dr. Ron Jenson: “Nos urge efectuar un retorno a las raíces espirituales y a centrarnos en el carácter. Estas son las verdaderas bases para el auténtico poder personal. Lo que cuenta es quién es usted en lo más íntimo de su ser, en lo más profundo de su fe, en su fortaleza espiritual. Esa es la verdadera fuente de su auténtico poder personal”.

Sin embargo, el hombre de hoy está más enfocado en hacer - tener cosas que en cultivar el ser. Las personas son movidas, mayormente, por el hacer y el tener que por el ser. Han invertido el orden de las prioridades en su vida. El hombre busca ser a través de hacer y obtener cosas, enfocándose con una perspectiva desde “afuera hacia adentro”, más que llegar a ser a través del cultivo de la vida interior, enfocándose con una visión de “adentro hacia fuera”. No son el talento, ni el carisma, ni la inteligencia, ni el conocimiento, los factores que más definen al líder, sino su carácter.


Para reflexionar: El carácter es el factor más decisivo para el desarrollo y crecimiento del liderazgo.

Arnoldo Arana. Valencia - Venezuela 

jueves, 6 de julio de 2017

El fruto que satisface




Se cosecha de lo que se dice y de lo que se hace. Los actos tanto como las palabras generan consecuencias positivas o negativas. Las palabras sabias producen muchos beneficios “la lengua del sabio hace grato el conocimiento” (Proverbios 15:2), y el arduo trabajo trae recompensas. Por el contrario, las palabras sin entendimiento traen problemas “la boca del necio es su ruina, y sus labios una trampa para su alma” (Proverbios 18:7) y las acciones incorrectas traen consecuencias negativas.


Así como las leyes físicas gobiernan el universo físico, los principios universales (ejemplo: justicia, verdad, integridad, laboriosidad, entre otros) gobiernan la existencia y el quehacer humano. Si estas leyes son transgredidas se producen resultados negativos inevitables; si son cumplidas se producen resultados positivos. Los principios son verdades imperecederas, legitimadas en su efectividad por la propia historia del hombre. 

Cosechamos lo que sembramos

Un dicho popular dice: “quien siembra vientos, cosecha tempestades”. Hay una relación directa entre lo que sembramos y lo que cosechamos. No podemos esperar cosechar manzanas si sembramos mandarinas; se cosecha lo que se siembra. Cada semilla se reproduce a sí misma. Así por ejemplo, en la vida personal, si sembramos diligencia, trabajo esforzado y responsabilidad, cosecharemos buenos resultados profesionales y financieros; pero si somos negligentes y perezosos, cosecharemos pobres resultados. Igualmente si sembramos injusticias y malas actitudes, no esperemos agradecimiento y amistad de las personas. Cada persona recoge un fruto que, positivo o negativo, constituye una recompensa a la forma como se desempeña.

Para reflexionar: ¿Qué tipo de semilla ha elegido para sembrar?

Arnoldo Arana . Valencia – Venezuela

martes, 27 de junio de 2017

Jesús, ¿Coach? (Parte II) - Liderazgo Integral


El entorno del mundo empresarial y profesional de hoy es conocido como VICAH (Volátil, Incierto, Complejo, Ambiguo e Híper-conectado). En un ambiente así es complicado sostener vidas en coherencia y con sentido de significado, conversaciones significativas, equipos enfocados y seguimiento efectivo en la gestión. Aunque el mundo de hoy tiene muchos líderes, un gran número de ellos se derrumban a la larga por no estar preparados para ser líderes integralmente exitosos. Son excelentes líderes en el mundo empresarial o profesional, más su caída no demora porque usualmente descuidan otros aspectos tan importantes para el éxito total, tales como el cuidado en su relación de pareja, en el desarrollo y educación de sus hijos, en su vida social, en su salud personal y por último (y quizás más importante que todos los demás) en su vida espiritual. Un coach efectivo facilita comprensión del diseño, la afinación y la sostenibilidad de todas las partes en coherencia en la vida de un líder, aun en circunstancias extremas. Procura que las aspiraciones, metas y sueños de la persona que recibe coaching estén en óptima alineación con su propósito y con su ecosistema de vida. En este sentido, considerar a Jesús como coach es conveniente no solo por su modelaje como un líder integral (Vivió la vida más ejemplar que ser alguno haya podido vivir); sino también por la forma en como Jesús conversó con sus seguidores la cual demostró su interés en la persona total. Jesús se interesó en contrastar entre lo existencial y lo trascendental al preguntar: ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? (Marcos 8:36). Pero también se interesó en las otras dimensiones relevantes como emocionales, físicas, familiares, sociales, entre otras. Siempre mantuvo interés, como todo buen coach, en la coherencia humana sostenida entre espíritu, alma y cuerpo.

Para reflexionar: ¿Cuan integral es tu liderazgo? ¿y si Jesús te hace coaching? 

Jesus A. Sampedro Hidalgo. Valencia-Venezuela.

miércoles, 21 de junio de 2017

Jesus, ¿Coach? (Parte I)

Lectura: Lucas 2:46-47


Jesús dejó trazos significativos en la forma en como conversó y empoderó a sus discípulos, que permiten conectar con lo que se ha llegado a conocer hoy como coaching. Si bien vivió en la era del imperio romano, periodo histórico altamente influenciado por la cultura y filosofía griega. Jesús sostuvo una serie de diálogos que denotan conexiones con dos elementos clave (Entre otros) del coaching: la capacidad de escucha activa y la formulación de preguntas poderosas. Él usó ambas con poder para facilitar la toma de consciencia en los interlocutores sobre asuntos de gran significado espiritual. A la temprana edad de 12 años, Jesús fue encontrado conversando y sentado en medio de los doctores de la ley, y lo que más significativo resulta es que según el relato bíblico estaba “oyéndoles y preguntándoles” (Lucas 2:46). No estaba hablando, ni aconsejándoles, ni mostrando cuanto sabía; solo estaba oyéndoles atentamente y preguntándoles. Concluye la porción refiriendo, “Y todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas.”

El mismo Jesús, años más tarde abordaba con sabiduría muchos asuntos, especialmente con sus discípulos a través de preguntas. En vez de llegar al conocimiento desde la impartición del mismo, muchas veces uso preguntas con la idea de iniciar el diálogo desde donde ellos estaban en términos de conciencia y comenzar a construir desde allí su punto. Por ejemplo, en una ocasión preguntó a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo?”, y luego de escuchar sus respuestas les pregunto, “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” (Mateo 16:13). Jesús evidencio así su preferencia por escuchar atentamente e indagar vía preguntas poderosas antes que solo impartir conocimiento, atributos de un gran coach.

Para reflexionar: Jesús aún está vivo y disponible para hacerte preguntas poderosas y escucharte, ¿te interesa?

Jesús A. Sampedro Hidalgo. Valencia-Venezuela.