miércoles, 14 de marzo de 2012

Guiados, aún en la incomodidad



Del Rey David, podemos aprender tanto de su gloria, como de su desdicha. Pues, aún y en los momentos más oscuros, fue capaz de encontrar la dirección divina. Hubo una ocasión en que enfrentaba la insurrección de su hijo Absalón; la fractura de su familia; la traición de su consejero real; el descrédito ante su pueblo; y por si fuera poco, la acusación de haberle quitado la vida a Saúl, su antecesor en el trono de Israel. Recibir una calumnia es algo difícil de tolerar, la mayoría de nosotros tratamos de aclarar el asunto tan pronto como nos es posible. Pero, si aparte tuviéramos la oportunidad de hacer escarmentar a nuestros acusadores no lo dudamos —todo sea por amor a la justicia—, ¿no es así? Así lo pensó Abisai, el leal guardia de David, quien exclamó ante el impertinente calumniador: « ¿Por qué maldice este perro muerto a mi señor el rey? Te ruego que me dejes pasar, y le quitaré la cabeza.» [2 Samuel 16:9] David, contra toda lógica respondió: «Déjenlo que me ofenda todo lo que quiera, pues Dios le ha ordenado hacerlo» [v.11]. ¿Queeeeeé? Pues sí. David era un hombre sensible a la voz de Dios, tanto, que era capaz de escucharla en los momentos más adversos, a través de las cosas más «insignificantes».

Para reflexionar: ¿Qué te incomoda hoy por hoy?, ¿Has pensado que quizá sea la voz de Dios hablándote?

Edgar Medina. DF, México.

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