miércoles, 25 de abril de 2012

Deshabituándonos al Maná, Habituándonos a la leche y la miel


Lectura: Josué 5:10-12

¿Cómo te sientes cuando te falta de repente algo que tenias o recibías desde hace mucho tiempo? Años atrás muchos expertos en cambio personal y organizacional aprovecharon la metáfora del libro ¿Quién se ha llevado mi queso? para referir a los procesos por los que pasan los seres humanos cuando situaciones habituales (representados en el queso) se ven dramáticamente amenazadas o cambiadas, produciendo así emociones de angustia, temor y desasosiego. Cuando los israelitas vivían en esclavitud en Egipto comían relativamente bien, al salir y durante su permanencia de 40 años en el desierto su comida diaria era el Maná (comida que fluía del cielo), pero al entrar en la tierra prometida, repentinamente, el Maná cesó de emanar del cielo. Aunque inicialmente se quejaron de la provisión diaria aparentemente monótona, a través de los años se volvió una costumbre el salir cada mañana y recibir comida del cielo sin haber trabajado para ganársela. Sin embargo, lo habitual de la provisión de Dios fue transformado en el momento que entraron a la tierra tan largamente esperada, la tierra prometida. Para los israelitas, había llegado el tiempo de cultivar la tierra prometida, para así llegar a ver la bendición de los frutos prometidos. Hoy, muchos no perciben que la tierra prometida requerirá un nuevo esquema de provisión de parte de Dios. Implicará esfuerzo. Si bien, igualmente Dios es quien da la provisión por gracia cuando estamos en su terreno, Dios exige de nosotros valentía y laboriosidad para conquistar aquello que El ya nos ha entregado.

Para reflexionar: Tranquilo, Dios fue quien igualmente proveyó en Egipto, en el desierto y en la tierra prometida.

Jesus A. Sampedro Hidalgo. Valencia-Venezuela.

domingo, 22 de abril de 2012

Ver y Dejarse Ver


Lectura: Marcos 8:22-26

Crecí en una pequeña ciudad de mi país, las tardes eran agradablemente cobijadas por atardeceres dignos de una postal, y eran seguidos éstos por noches con cielos repletos de estrellas. Más de una vez me aventuré intentando contarlas, pero, no pasaba mucho antes de perder la cuenta ante tal cantidad de luceros en el cielo. Sin embargo, sin importar cuán despejado de nubes estuviera la noche, mi potente vista de adolescente era incompetente para ver los cientos de millones de astros del universo. Han pasado los años, y he descubierto que mi percepción de las cosas ha resultado ser mucho más limitada de lo que hubiera creído. Después de entregar mi vida a Jesús, pude ver una realidad más amplia y diferente; pero, tal y como la historia que nos cuenta Marcos en el capítulo ocho de su evangelio, mi «vista renovada» sólo me dejó ver mi permanente necesidad de Jesús; la urgencia de recibir una vez más el toque sanador de su mano. Nunca he vuelto a confiar en que veo las cosas tal y como son, recurro sin duda a él; quien por medio de aflicciones en mi vida, debilidades en mi carácter y especialmente a través del dolor, abre mis ojos para poder ver como él lo hace. Algo hay detrás de todo esto que me sigue intrigando: ¿Cómo Jesús, puede verme tal cual soy y amarme todavía?

Para reflexionar: Se requiere humildad para ver a Jesús, pero mucha valentía para vernos a través de sus ojos.

Edgar Medina, México DF, México.

miércoles, 11 de abril de 2012

El trabajo en equipo es fruto de la obediencia colectiva



Los primeros pasajes de Levítico 26 refieren a la obediencia y la desobediencia. Los versículos del 1 al 3 plantean condiciones de obediencia, mientras que a partir del versículo 4 se refieren algunas consecuencias, sub-productos o beneficios de la obediencia. Es entonces posible inferir que ante la promesa que Dios le hace a Israel sobre el establecimiento de la paz (v.6), se requeriría un poder sobrenatural al enfrentar a los “enemigos”. Ese poder será visto en milagros colaborativos y exponenciales al estar unidos unos pocos de los obedientes del pueblo de Israel. En el verso 8 dice: “Cinco de vosotros pondrán en fuga a cien, y cien de vosotros perseguirán a diez mil, y vuestros enemigos caerán a filo de espada delante de vosotros.” Se presenta una aparente guerra dispareja en la que triunfará el aparentemente “menos favorecido” en cantidad, pero que viene acompañado de la bendición de Dios por la obediencia a las condiciones previas convocadas en los primeros versos. Solo Dios opera milagros de este tipo, y a través de ellos muestra el efecto superior de la unión de hijos de Dios en pro de sus propósitos y en obediencia a sus dichos (incluyendo preceptos y ley.)  Para reflexionar:
Trabajar en equipo es más que ponerse de acuerdo y colaborar entre los miembros.
Trabajar en equipo es más que la astucia de un líder.
Trabajar en equipo es más que sagacidad en la estrategia.
Trabajar en equipo es más que tener gente capacitada.

Para Reflexionar: Trabajar en equipo es esencialmente unir a un contingente de gente que trabaja en obediencia a los dichos de Dios y alcanza resultados sobrenaturales.

Jesus A. Sampedro Hidalgo. Valencia-Venezuela.

martes, 3 de abril de 2012

Dar la vida por los amigos


Lectura: Juan 15:12-14

La mayoría de los ejecutivos quisieran que sus colaboradores dieran su vida por la empresa y sus resultados. Suena absurdo, pero ¿Está la empresa dispuesta a “dar su vida” por sus empleados? Para cada empleado “La empresa es su jefe”. El representa a ese concepto sin cara ni forma llamado “la empresa”. Cuando el jefe, de una manera genuina y franca se preocupa de las personas más que de sus resultados, entonces es reconocido como líder. Cuando ese liderazgo se ejerce desde la filosofía de servir a otros, el líder no necesitara empujar a su equipo hacia la meta. Será el equipo quien levantará en hombros a su líder y lo llevará hasta la meta. Para comprender mejor este concepto de liderazgo, fíjate en la manera de liderar de Jesús. Él fue el primero en servir, en sanar, en alimentar, en preocuparse por su gente. Aun cuando fue abandonado a su suerte en la cruel crucifixión, sus palabras por su gente fueron “Padre perdónalos”. La Biblia solamente menciona dos ocasiones cuando Jesús lloro. Una por Jerusalén y el triste destino que le aguardaba, y la otra por la muerte de su amigo Lázaro. Por ello, cuando tengas quejas por el compromiso de tu gente, es recomendable que revises tu compromiso para con ellos. Recuerda el magnífico ejemplo de Jesús.

Para reflexionar: Imitar a Jesús en su entrega y estilo de liderazgo trae grandes dividendos.

Hebert Reyes. Bogota-Colombia