domingo, 22 de abril de 2012

Ver y Dejarse Ver


Lectura: Marcos 8:22-26

Crecí en una pequeña ciudad de mi país, las tardes eran agradablemente cobijadas por atardeceres dignos de una postal, y eran seguidos éstos por noches con cielos repletos de estrellas. Más de una vez me aventuré intentando contarlas, pero, no pasaba mucho antes de perder la cuenta ante tal cantidad de luceros en el cielo. Sin embargo, sin importar cuán despejado de nubes estuviera la noche, mi potente vista de adolescente era incompetente para ver los cientos de millones de astros del universo. Han pasado los años, y he descubierto que mi percepción de las cosas ha resultado ser mucho más limitada de lo que hubiera creído. Después de entregar mi vida a Jesús, pude ver una realidad más amplia y diferente; pero, tal y como la historia que nos cuenta Marcos en el capítulo ocho de su evangelio, mi «vista renovada» sólo me dejó ver mi permanente necesidad de Jesús; la urgencia de recibir una vez más el toque sanador de su mano. Nunca he vuelto a confiar en que veo las cosas tal y como son, recurro sin duda a él; quien por medio de aflicciones en mi vida, debilidades en mi carácter y especialmente a través del dolor, abre mis ojos para poder ver como él lo hace. Algo hay detrás de todo esto que me sigue intrigando: ¿Cómo Jesús, puede verme tal cual soy y amarme todavía?

Para reflexionar: Se requiere humildad para ver a Jesús, pero mucha valentía para vernos a través de sus ojos.

Edgar Medina, México DF, México.

No hay comentarios:

Publicar un comentario