lunes, 27 de agosto de 2012

¡Cuidado con el estrés!



La palabra griega para preocupación o afán es la palabra merimnao que significa estar ansioso, estar distraído, tener la mente dividida. Una persona que funciona de esa manera, le falta la capacidad para definir prioridades, en consecuencia se diluye entre muchos asuntos. El estrés es el resultado de vivir sin prioridades; de no saber  equilibrar las prioridades. Esto genera agotamiento y desgaste. Dice el Dr. Hans Selve, “el estrés es el desgaste de la vida diaria”. Lo cierto es que el exceso de estrés nos hace improductivos; nos desfocaliza de nuestras metas, nos roba la energía. El estrés es como una impetuosa corriente de agua que produce un desagüe de los cimientos de nuestra vida: física, emocional, mental y espiritual. El estrés drena los cimientos de nuestra vida, quitándonos estabilidad y vigor. No estoy diciendo que no nos ocupemos de nuestras responsabilidades, sino que no nos preocupemos hasta el punto de afanarnos. Un viejo amigo me dio un consejo: ocúpese, no se preocupe. En otras palabras, convierta la preocupación en acción. La Biblia por el contrario nos insta a descansar en la paz de Dios, que nos capacita para sobreponernos a la ansiedad y afán que puedan generar las circunstancias difíciles y conflictos.

Para reflexionar: El mejor antídoto contra el estrés es la paz que viene de Dios.

Arnoldo Arana. Valencia-Venezuela

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