martes, 18 de septiembre de 2012

Despierta


Lectura: Efesios 5:1-20

Una madrugada, al trasladar una vitrina con la ayuda de algunos amigos, el vidrio de una repisa de deslizó, cayendo al suelo y rompiéndose en mil pedazos. El fuerte ruido que provocó, contrastó drásticamente con el silencio que hasta ese momento imperaba. Lo interesante del asunto fue que tras el siniestro mis sentidos se agudizaron a tal grado que pude decir más tarde: «Creía que estaba despierto, ¡hasta que desperté!» En mi vida espiritual ocurrió exactamente lo mismo, caminé un largo tramo, llevando las cargas del servicio y el ministerio, creyendo que estaba despierto hasta que colapsé. Creía ver todo con claridad, pero no era así. El apóstol Pablo se percató de que muchos creyentes no tenían el progreso debido en su andar cristiano, por una lamentable realidad: estaban dormidos [ver Efesios 5:14]. Dios no escatima en sacrificar nuestra «comodidad» a fin de edificar nuestro carácter. Uno de los recursos de los que más echa mano el Creador es el dolor. Job fue un hombre que amaba y respetaba a Dios, sin embargo, tras pasar por el duro valle de dolor llegó a confesar: «De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven» [Job 42:5 RVR]. Otro despertador es la confrontación. David, a pesar de su cercanía y sensibilidad a Dios, cayó en el pozo profundo de la inmoralidad. En ese estado, tremendamente somnoliento, recibió la visita de Natán, profeta de su tiempo. Él le contó una historia de un hombre que había actuado con una injusticia e impunidad tal que encendió la ira del rey David, entonces el profeta aclaró: « ¡Tú eres ese hombre!» [2 Samuel 12:7 NVI].

Para reflexionar: La vida en Cristo es un sueño que Dios diseñó para vivirse despierto.

Edgar Medina, México DF, México. 

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