miércoles, 24 de octubre de 2012

Hijos culminando proyectos incompletos de Padres.



Muchos padres le dicen a sus hijos que están yendo en una dirección en la vida, pero no llegan. Algunos se dan por vencidos, otros prefieren quedarse en el camino, otros sencillamente conocieron que no les correspondía a ellos culminar cierta tarea, y a otros les afectan circunstancias fortuitas que les hacen estacionarse. ¿Cómo se siente un hijo que ve eso de su padre? La historia de Taré y de su hijo Abram da buen ánimo para sistemas familiares en pos de propósitos Divinos. Taré salió con su familia de un lugar llamado Ur, en dirección a la tierra de Canaán (v.31), pero más bien se estacionó, vivió y murió en un lugar remoto intermedio llamado Harán. Nunca llegó a Canaán. Sin embargo, luego Dios dijo a Abram que saliera en un viaje, cuyo destino final terminó siendo la tierra de Canaán, el objetivo nunca alcanzado por su padre Taré. Aunque la Biblia no narra detalles de los pensamientos y sentimientos de Abram, no es muy complicado imaginarse que obedecer la voz de Dios le implicó “entregar” los mapas mentales heredados de su padre y prefirió rendirse a la buena guía de Dios. Afortunadamente, y lo que parece una aparente coincidencia, Abram cumplió el trayecto originalmente planteado por su padre. Quizás la diferencia implicó que Taré salió por iniciativa propia, Abram por mandato de Dios. Cuando entregamos, rendimos y nos deshacemos de nuestros planes personales y familiares en obediencia a Dios, Él muchas veces termina cumpliendo su plan en sinergia con los deseos de nuestro corazón.

Para Reflexionar: ¿Ha dejado algún “proyecto de vida” personal o familiar por la mitad? Vaya y llévelo a cabo.

Jesus A. Sampedro Hidalgo. Valencia-Venezuela.

martes, 16 de octubre de 2012

Fuego Amigo (Pereza, Deslealtad y Desánimo)


Lectura: Proverbios 12

El profeta Jeremías fue llamado por Dios a vencer a sus adversarios; no se trataba de naciones extrañas, o de los antiguos pobladores paganos de la tierra prometida, sino de los reyes, autoridades, sacerdotes y demás ciudadanos de su propio país. Los más fieros ataques que recibiría el profeta serían lo que hoy se llama fuego amigo. [Ver Jeremías 1:17-19]. En la jerga militar se denomina fuego amigo a los disparos provenientes del propio bando. He descubierto que hay promesas que aún no se han hecho una realidad en mí porque neciamente he abrazado a verdaderos enemigos, los cuales no encontré en la nueva vida que Dios me ha dado, sino que los he arrastrado por años, tales como: La pereza, la deslealtad y el desánimo. El remedio que la Biblia ofrece para el combatir la pereza es abrazar la diligencia, en vez de la almohada. Dice la Escritura: «El indolente ni aun asará lo que ha cazado; Pero haber precioso del hombre es la diligencia» [Proverbios 12:27].
La palabra diligencia proviene del latín diligere. Se forma combinando dis [separar] legere [elegir, escoger], y se refiere a escoger una tarea por encima de todas las demás. Evidentemente, la diligencia, es un asunto de elección personal. El perezoso no requiere saber qué es lo que debe hacer, sino tan sólo preferirlo sobre su comodidad, apatía, desinterés e irresponsabilidad.

Para reflexionar: ¿Has visto a la hormiga? Sigue siendo ejemplo hoy de diligencia, como en los tiempos de Salomón.

Edgar Medina, México DF, México.

martes, 9 de octubre de 2012

Informes Veraces


Lectura: Lucas 23:33, 39-43 

El contador decía: “Pero no se preocupe. Todo el mundo lo hace. Así podemos dejar de pagar impuestos. Es cuestión de ‘organizar’ las cifras”. Para el hombre de negocios no solo existen las leyes de su país, sino también las leyes de Dios. Las leyes del país son sujetas a interpretación y a negociación frente al fisco. Las leyes de Dios no admiten equívocos. Cuando encontré estas leyes en la palabra de Dios, decidí que quería “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento” y que “cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7). Aunque, según el contador, usted “haya dejado de ganar mucho dinero”, el comportamiento y la paz, han llegado a ser un mensaje fuerte y claro para él, y ahora él también quiere tener esa paz. Los informes falsos han arruinado vidas, empresas, personas, y aun países. Vemos día a día que según la conveniencia los informes distorsionan, ocultan, interpretan fraudulentamente e inclusive cambian la verdad. Cuando un dirigente empresarial “abusa de la interpretación de una ley en su favor” le está enviando un claro mensaje a sus colaboradores: “Con tal de obtener más dinero, todo vale”. Así también actuarán con él sus colaboradores.

Para reflexionar: El mensaje no es lo que decimos. El mensaje es lo que somos.

Hebert Reyes - Bogotá, Colombia

martes, 2 de octubre de 2012

Reflexión Verbalizada Revitalizante (RVR)


Lectura: Salmo 77:12

El autor Marvin R. Wilson en su libro “Nuestro Padre Abraham” hace una serie de descripciones de las costumbres hebreas asociadas a la meditación que nutren el interés por esta notoria disciplina espiritual de suma utilidad para cualquier líder creyente. Por ejemplo, el autor comenta sobre costumbres hebreas que implicaban largos periodos de tiempo ininterrumpidos para la meditación. Esto básicamente acompañado con que los tiempos no eran guiados por relojes ni alarmas de fábricas, sino por el sol. La única pauta diaria era una pausa del trabajo cuando el sol se posaba en lo más alto. Además, al ponerse el sol, quedaban libres de trabajo. La misma Biblia nos lanza una invitación a meditar en la ley de Dios, tanto Josué 1:8 (Profetas) como el Salmo 1:2 (Salmos) sirven para corroborar esa perspectiva. La palabra usada para meditación es Hagah, y curiosamente significa “emitir un sonido, murmurar, hablar en un tono bajo”. Meditar entonces no era un acto silencioso; sino más bien un acto verbal expresado en palabras habladas. La implicación es que las palabras de la boca son un paralelo a la meditación del corazón (Salmo 19:14). En este sentido, la meditación es la verbalización externa de los pensamientos de uno ante Dios, con respecto a sus enseñanzas (la Biblia) y sus obras. Significa articular, en un tono bajo, pensamientos de adoración, asombro y alabanza. Esta forma de verbalización permite orar con un sentido superior de intensidad y kavanah (que es propósito), atención, dirección.

Para meditar: Ante tanto ajetreo profesional y empresarial ¿Inviertes tiempo en meditar en la palabra, los hechos y los atributos de Dios?

Jesus A. Sampedro Hidalgo. Valencia-Venezuela.