miércoles, 28 de noviembre de 2012

¿Y los desleales?



El profeta Jeremías tuvo una duda: ¿Por qué parece que le va muy bien a quienes han sido desleales? ¿Por qué parece que tienen éxito los perversos? ¿Por qué las consecuencias de sus actos no los aplastan? Jeremías hizo algo bueno al respecto, decidió no quedarse con la duda. Consultó a Dios y él le respondió [ver Jeremías 12:1-2]. La respuesta del Creador fue algo así como: «Todo lo que consigan no servirá para nada» [ver Jeremías 13:10]. Es decir, finalmente, la deslealtad cobra un precio imposible de pagar en quienes no se retractan y dan la espalda a su pésima decisión. Los desleales caminan con un espíritu independiente, con expectativas insatisfechas, descontentos, criticando y desafiando a la autoridad.
Pudiéramos preguntarnos entonces: ¿por qué somos afligidos cuando servimos a Dios y a sus propósitos? Dios recordó a su pueblo la fidelidad que le rindieron, a pesar de las dificultades: «Me he acordado de ti, de la fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto, en tierra no sembrada» [Jeremías 2:12]. Ese rasgo en el carácter Dios lo desea encontrar nosotros también. Ser leales implica más que simplemente obedecer a Dios, es hacer nuestros sus propósitos y seguir unidos a él, a pesar de las dificultades.

Para reflexionar: Reconstruir la confianza es una tarea imposible, si no va la lealtad a la cabeza.

Edgar Medina, México DF, México. 

martes, 20 de noviembre de 2012

Actúe con perseverancia


Lectura: 2 Timoteo 3:14
La perseverancia es la madre de todos los logros. Calvin Coolidge dijo: “Nada en el mundo puede reemplazar la persistencia. No lo hará el talento; nada es más común que hombres de gran talento fracasados. No lo hará el genio; es casi proverbial un genio que no recibe recompensa. No lo hará la instrucción; el mundo está lleno de personas instruidas que andan a la deriva. Solo la persistencia y la decisión son omnipotentes”. La cultura contemporánea nos ha acostumbrado a las recetas instantáneas: comidas instantáneas, fotos instantáneas, píldoras de acción instantánea para aliviar las enfermedades, etcétera. Pero la excelencia, como el buen vino, requiere de maduración y no acepta atajos ni simplificaciones. Es el persistir en alcanzar una meta, o el insistir continuamente en desarrollar una habilidad, o el trabajar con perseverancia para conseguir un propósito, lo que nos hace diestros y corona nuestros esfuerzos, independientemente del talento que se posea. John Maxwell dice: “La persistencia es necesaria para transformarnos en realizadores”. Pero no basta con persistir con la actitud de un estoico. Un acompañante necesario de la perseverancia es la consistencia. La perseverancia nos mantiene en la ruta, pero es la consistencia la que nos enfoca y logra los resultados de excelencia. Un corredor no gana un maratón, por el simple hecho de “mantenerse en carrera”; necesita mantener un ritmo y una velocidad constante.
Para reflexionar: Sólo el esfuerzo realizado con perseverancia garantiza el éxito y la excelencia.

Arnoldo Arana. Valencia-Venezuela

martes, 13 de noviembre de 2012

Sabiduría en Transiciones de Liderazgo


Lectura: 1 Reyes 12:1-24

El sentido común, la tendencia natural y lo normal de un líder en momentos de crisis o transición es consultar a la gente con quien ha tenido algún tipo de amistad, confianza o afinidad. Lo extraño seria buscar a personas desconocidas, de diferente generación o con quienes no haya ni una pizca de conexión. El joven Roboam, hijo y sustituto del Rey Salomón, al asumir su cargo de Rey procedió inmediatamente a consultar a los jóvenes que habían crecido con él, desechando automáticamente así el consejo de los sabios ancianos que habían aconsejado a su predecesor. Los jóvenes representaban la innovación y el cambio, mientras que  los ancianos representaban la tradición y la estabilidad. Además, esta historia nos recuerda una realidad, cuando muchos gobernantes o líderes organizacionales llegan al poder, no piensan de manera natural en procurar capitalizar sobre lo que encuentran, sino más bien, muchas veces se enfocan en querer estampar su propio sello de autoría desde el principio de su gestión para diferenciar “lo que fue antes” de “lo que será” a partir de su gestión. Lo ideal es obtener sabiduría de lo alto para hacer lo que amerite el momento, lamentablemente no hay una receta única en cuanto a esto; sin embargo, algunas premisas puedan ayudar: 1) Esté abierto a varias perspectivas, no solo a las de sus cercanos. 2) Busque bien, de seguro que algo bueno hay en lo que capitalizar de la gestión anterior. 3) Busque un punto de convergencia entre tradición e innovación, si lo hay. 4) Procure una transición progresiva y progresista, no intempestiva. 5) Considere a todos como seres humanos con dignidad. 6) Incorpore y consulte a Dios, especialmente para administrar sabiamente las premisas anteriores.

Para reflexionar: En toda transición hay tensión, busque en Dios sabiduría y sea sensible.

Jesus A. Sampedro Hidalgo. Valencia-Venezuela.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Aprendiendo a vivir sin afán

LecturaMateo 6:25

¿Vive usted en desasosiego y tensión? ¿Tiene problemas para concentrarse? ¿Se siente con frecuencia intranquilo e irritable? ¿Con frecuencia experimenta estados de ansiedad? Si la respuesta a estas preguntas es sí, usted necesita aprender a descansar en Dios. La palabra afanéis (6:25) viene de la palabra griega merinnao (de merizo), que significa dividir en partes. Según Strong, esta palabra connota distracción, una preocupación por cosas que producen ansiedad, tensión y presión. Esta palabra  bien describe a una persona que tiene la mente dividida. Significa ser atraído o estirado en diferentes direcciones. La preocupación le quita a nuestra mente su capacidad de concentración y enfoque, lo cual nos hace inefectivos. El preocuparse excesivamente y afanarse no va a arreglar sus problemas, ni va a resolver o suplir sus necesidades. Por el contrario, los va a agravar, en el sentido de que le va a anular / neutralizar en su capacidad de resolverlos. Por el contrario, la Biblia nos exhorta a descansar en Dios y evitar el afán. “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa a todo  entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7).

Para reflexionar: El afán desenfoca la vida y la hace improductiva.

Arnoldo Arana. Valencia-Venezuela