martes, 25 de diciembre de 2012

El instinto por lo eterno



La Biblia dice que Dios ha puesto eternidad en el corazón del hombre. Ese principio de eternidad – hambre por la inmortalidad, mantiene al hombre con un instinto de búsqueda por lo trascendente. Por eso el ardiente deseo por lo espiritual nunca podrá morir en el corazón del hombre. Sin Dios la vida para el hombre carece de sentido. San Agustín decía: “¡Oh Dios!, tu nos creaste para que te adoremos, y nuestra alma no descansa, hasta que no reposa en ti”. El hombre fue creado para los propósitos de Dios, más el hombre persiste en vivir para su propios sueños y propósitos, sin considerar a Dios. Pero como dice Rick Warren: “Enfocarnos en nosotros mismos nunca podrá revelarnos el propósito de nuestra vida. Dios es tu punto de partida, tu creador. Existes tan sólo porque él desea que existas. Fuiste creado por Dios y para Dios, y hasta que lo entiendas, tu vida no tendrá ningún sentido. Sólo en él encontramos nuestro origen, nuestra identidad, nuestro sentido, nuestro propósito, nuestro significado y nuestro destino. Cualquier otra ruta termina en un callejón sin salida”. Bertrand Russell lo dijo de la siguiente manera: “A menos que se dé por hecho la existencia de Dios, la búsqueda del propósito de vivir no tiene sentido”.

Para reflexionar: La trascendencia es una necesidad inherente al ser humano,  y sólo Dios la satisface plenamente.

Arnoldo Arana. Valencia-Venezuela

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