viernes, 25 de enero de 2013

Fuerza para resistir.



En su libro Secretos infelices de la vida cristiana, Tim Stafford cuenta la trágica historia de cómo el submarino nuclear Thresher fue demasiado profundo en el océano y fue aplastado en pequeños trozos por la implosión que luego casi nada pudo ser identificado. Un submarino necesita sendos pedazos de acero de espesor para soportar la presión del agua cuando se sumerge. Sin embargo, hay pocas paredes que los seres humanos pueden construir en submarinos que les permitan resistir la presión de las partes más profundas del océano. Y, sin embargo, en esas mismas aguas profundas del océano, donde había sido triturado el submarino de acero, pequeños peces nadan sin importarles lo que pasa a su alrededor. ¿Cómo es esto posible? ¿Cuál es su secreto? El secreto está en el hecho de que tienen un sistema de presión incorporado que permite que su presión interna  corresponda perfectamente a la presión que es ejercida desde el exterior sobre ellos. Tú y yo podemos intentar y esforzarnos al máximo en construir muros de acero para bloquear las presiones externas (tentación), pero nunca será suficiente. Lo que necesitamos es un poder dentro de nosotros que se sobreponga a la presión ejercida desde el exterior. Ese poder es Jesús, que reside en nosotros por el Espíritu Santo. La presión desde el exterior es muy grande. El mundo, la carne y el diablo, pueden poner presión contra nosotros enormemente, pero a causa de Jesús, tenemos la respuesta interna a la presión exterior.

Para reflexionar: La presión desde afuera nunca es mayor que el poder de Dios activado en el creyente.

Jesus A. Sampedro Hidalgo. Valencia-Venezuela.

Adaptado de:

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