lunes, 21 de abril de 2014

Aceptar y recibir Instrucción y Reprensión

El hombre sabio ama la instrucción y atiende a la reprensión. Se requiere de humildad para recibir la instrucción y la corrección con buena disposición y diligencia para aceptarla y aplicarla. El hombre sabio desarrolla un corazón enseñable - corregible: con apertura y actitud humilde para recibir consejos, exhortaciones, amonestaciones y enseñanzas.

A muchos no les gusta la instrucción y la reprensión a causa de su orgullo y altivez. Quien no recibe la corrección y amonestación se hace necio e insensato al menospreciar el consejo. El que niega el consejo se condena a sí mismo a quedarse en un callejón sin salida. Por el contrario, como dice Proverbios 12:1: “El que ama la instrucción ama la sabiduría; mas el que aborrece la reprensión es ignorante”.

La instrucción y la reprensión apuntan a todo el proceso de disciplina con miras a generar información-formación-reformación; su objetivo corregir y enseñar para que la persona sea instruida en justicia, y sea apartada de los malos caminos. Rehusar la instrucción y la reprensión representa un grave error que conduce a andar por malos caminos, y acarrea consecuencias negativas.

La Biblia nos anima a ser prudentes y prontos en aceptar la reprensión y la instrucción (consejo, corrección, amonestación, etc.) con una actitud humilde, que resulta de utilidad para  ver los errores y corregir el comportamiento.  

Para Reflexionar: La instrucción y la reprensión nos aportan la sabiduría necesaria para caminar con seguridad  y paz por la vida.

Arnoldo Arana. Valencia-Venezuela.

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