lunes, 5 de mayo de 2014

Reconociendo el peligro


Supe de unos hombres que se enteraron de que a un día de camino en burro encontrarían un excelente sitio para cazar venado; sin dudarlo emprendieron el viaje. Sus familias les esperaban de regreso en tres días, pero eso no ocurrió. Con las limitadas comunicaciones de las zonas rurales de México a mediados del siglo pasado —cuando eso pasó—, no restaba más que esperar o mandar buscarles.

Finalmente, y con mucho retrazo, volvieron los hombres de su viaje, la razón de su tardanza era que se habían tenido que regresar caminando. Contaron que al llegar al sitio indicado esperaron que anocheciera para iniciar su cacería, con los primeros rayos del amanecer descubrieron que no sólo no habían cazado ningún venado… ¡habían matado a sus burros!

Esta historia la escuché siendo un niño, y me ilustra lo fácil que resulta equivocarse. Personalmente jamás he intentado cazar un venado, pero sé que no es tarea sencilla, son animales instintivamente atentos a lo que ocurre a su alrededor. Los venados detienen su marcha, de cuando en cuando, y literalmente inclinan sus oídos a fin de asegurarse de que no hay algún peligro merodeando.

Bien vale que detengamos nuestro acelerado andar periódicamente, será entonces más sencillo reconocer el peligro que nos aseche y escuchar la voz de Dios.

Para Reflexionar: Reconocer el peligro es más una cuestión de carácter que de inteligencia.

Edgar Medina, Monterrey, México.

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