martes, 2 de septiembre de 2014

Acepta el desafío de enseñar a otros la disciplina


Sólo los milagros pueden superar los resultados que ofrece la disciplina, y aunque no descartamos que los milagros ocurran, sí podemos estar seguros de que Dios está más interesado en forjar nuestro carácter que en procurar nuestra comodidad, por ello la gran mayoría de las cosas trascendentes de la vida serán resultado de atender disciplinadamente las pequeñas y las grandes cosas que exigen.

El mundo tuvo en Houdini al más grande escapista de la historia, pero más de uno lo haría ver como un novato si se trata de ‘escapar’ de la disciplina y la responsabilidad. No conozco a algún empresario, profesor o padre de familia que acepte gustoso la indisciplina de la gente a su cargo, pero a veces se falla en transmitir la enseñanza de la disciplina por el terrible obstáculo del mal ejemplo.

El libro de Proverbio expresa: «Dirige a tus hijos por el camino correcto, y cuando sean mayores, no lo abandonarán», me habla muy fuerte la palabra dirige. Es común que enseñemos a otros indicándoles qué es lo correcto, pero si me observan infringiendo la ley, mintiendo, fallando en cumplir mis promesas o metiéndome en la fila indebidamente será una tarea infructuosa o incluso contraproducente.

Aceptar el desafío de enseñar a otros el valor de la disciplina nos debe enfocar en dar muestra con el testimonio de una vida disciplinada. El líder, el jefe, la maestra o la mamá que dirige debe ponerse a la cabeza y decir —sin palabras— ‘vean como se hace, esto es lo correcto’.

Para Reflexionar: Vivir disciplinadamente debe ser la primera conquista personal de un vencedor.

Edgar Medina, Monterrey, México.

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