martes, 14 de octubre de 2014

Cultivando un corazón sano



El corazón refleja la verdadera realidad del hombre. Más allá de las apariencias, el verdadero hombre se oculta en su corazón. Se puede tratar de demostrar una imagen o vender una apariencia, pero el corazón no puede falsificarse.

El corazón es el centro de comando de la vida del hombre. Y todo lo que ocurre externamente – comportamientos, hábitos, palabras y expresión emocional obedecen a los dictámenes del corazón. El poder de la vida del hombre reside, pues, en su interior: en su corazón. No en balde la Biblia nos exhorta a guardar nuestro corazón. “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”  (Proverbios 4:23).  

En este contexto la palabra corazón no se refiere al músculo que bombea la sangre a través del cuerpo humano. Se refiere más bien al alma del hombre. En el pensamiento hebreo corazón y alma son, generalmente, la misma cosa. El corazón  es el centro de la voluntad del ser humano, el lugar donde se toman las decisiones, es la sede del intelecto y de las emociones. El corazón o el alma representa el yo mismo del hombre, su identidad, su vida propia, la conciencia de sí mismo.

Ahora el corazón no debe ser visto como la simple sumatoria de: intelecto + emociones + voluntad. Estas tres dimensiones no son funciones separadas. En el lenguaje bíblico estas tres funciones están unidas y entrelazadas en el corazón. El corazón funcionando como un todo, es el órgano que nos permite conocer y ser conocidos por Dios. Es en nuestro corazón donde pensamientos, emociones y voluntad se unen en una identidad, una conciencia y un estilo de vida.

Para reflexionar: El corazón sano es la fuente de una vida plena, efectiva y llena de propósito.


Arnoldo Arana. Valencia-Venezuela. 

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