jueves, 27 de noviembre de 2014

La práctica de perdón remueve los obstáculos que impiden la liberación de mi potencial



El perdón permite retomar la vida después de haber experimentado ofensas, agravios y perjuicios por otra (s) persona (s). Cuando perdonamos detenemos la cadena de dolor – enojo, asimilamos la experiencia, sanamos las heridas, generamos aprendizajes, y continuamos con la vida. También facilita el proceso de autoconocimiento: recursos y fortalezas emocionales, conciencia de nuestra fragilidad y vulnerabilidad, límites, valores, nivel de espiritualidad, etc.

El perdón libera para que las personas se orienten con creatividad, enfoque y motivación hacia sus procesos de crecimiento: la felicidad, el cumplimiento de metas, el amor, la trascendencia, etc.

El perdón también nos alinea con Dios – nos pone en un mismo espíritu con Él – para andar en comunión con Dios, recibir su revelación y cumplir con los propósitos que Él tiene para nuestras vidas.

Para reflexionar: El perdón facilita el proceso reconstruir la vida y direccionarla en forma sana y funcional.

Arnoldo Arana. Valencia-Venezuela. 


martes, 18 de noviembre de 2014

Un corazón con sentido de propósito


Un corazón sano vive con sentido de propósito; consciente de que Dios nos creó para sus propósitos.

La búsqueda de propósito: una necesidad apremiante

La búsqueda del significado - el propósito de tu vida - es el empeño más importante que puedas tener. Como dijo Albert Camus, “el sentido de la vida es la pregunta más apremiante”. El autor Rick Warren agrega: “El propósito de tu vida excede en mucho a tus propios logros, a tu tranquilidad o incluso a tu felicidad. Es mucho más grande que tu familia, tu carrera o aun tus sueños y anhelos más vehementes”.

Sin un sentido de propósito la vida se hace insoportable de vivir. Se llena de frustración, de aburrimiento, de vacío existencial; se convierte en una carga pesada difícil de sobrellevar, tal como lo afirma el psicólogo Rollo May: “El ser humano no puede vivir una condición de vacío por mucho tiempo: si él no está creciendo hacia algo, no solamente se estanca; las potencialidades reprimidas se convierten en morbosidad y desesperación y eventualmente en actividades destructivas”. La falta de propósito empuja al hombre a vivir una vida disoluta, egoísta y utilitaria; carente de compromiso y responsabilidad genuina. Por el contrario, “cuando la vida tiene sentido, puedes soportar cualquier cosa. Cuando no lo tiene, resulta insoportable” (Rick Warren). Dice también el Dr. Victor Frankl: “Lo esencial de la condición humana es el hecho de auto-trascenderse, el que haya algo más en mi vida que no sea yo mismo… Algo o alguien, una cosa u otra persona distinta que yo”.


Para Reflexionar: Dios tiene un propósito eterno para cada vida, que trasciende aún esta vida terrenal. El sabio Salomón dijo: “Dios ha colocado eternidad en el corazón del hombre” (Eclesiastés 3:11).

Arnoldo Arana. Valencia-Venezuela. 

martes, 11 de noviembre de 2014

Un corazón que anda en rectitud



La evidencia de un corazón sano se expresa en los comportamientos. Un comportamiento santo, recto e integro - que camina en verdad y justicia - es la prueba de que hay sanidad en el corazón. Ahora un comportamiento santo, recto e integro es consecuencia de apoyarse en el consejo de Dios, de reconocerle en nuestros caminos y, como consecuencia, experimentar su guía, dirección y favor.

No hay nadie más confiable que Dios. Él nunca falla, ni se equivoca, ni decepciona. Dios es ciento por ciento confiable. El proverbista consciente de que Dios es totalmente confiable, lanza el desafío de fiarse de Dios de todo corazón. Fiarse en Dios de todo corazón significa apoyarse y confiar enteramente en él, con todo lo que somos. No es una mera abstracción, creencia o asentimiento emocional, sino que abarca la totalidad de nuestro corazón: intelecto, emociones y voluntad. El corazón es el yo mismo de la persona. Fiarse en Dios implica poner todo el corazón (el yo) en apoyarse  y confiar en Dios, sin dudar ni vacilar.

Un corazón apoyado cien por ciento en Dios, es confiable. Lo opuesto a apoyarse cien por ciento en Dios, es apoyarse en la propia inteligencia y sabiduría, a lo cual la palabra de Dios nos exhorta a no hacerlo: “y no te apoyes en tu propia prudencia” (Proverbios 3:5). La razón de esta advertencia es que el corazón es engañoso, tal como lo expresa Jeremías 17:9:”Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”


Para reflexionar: Una forma de fiarse en Dios es reconocerlo en todos nuestros caminos (Proverbios 3:6) y encomendar a Dios nuestros caminos (Salmos 37:5). 

Arnoldo Arana. Valencia-Venezuela. 

martes, 4 de noviembre de 2014

Un corazón lleno de amor



Sin amor estamos en bancarrota, no importa la fe que alberguemos, los dones y talentos que poseamos, ni las obras de servicio que realicemos; ni las habilidades, inteligencia y educación que tengamos. “Si no tengo amor, nada soy”. El amor es lo que le da valor a todo lo que somos y hacemos.

Un corazón sin amor es un corazón enfermo y estéril. Pero un corazón lleno de amor es un corazón sano. Un corazón lleno de amor es un corazón que sabe perdonar; que practica la tolerancia y la empatía, que se mueve a la compasión, que pone la fe por obra. Urge, entonces, entrar por la senda del amor. Esa senda es Dios.

El amor trae sanidad al corazón del hombre

El amor crea un ambiente psicológico y espiritual sano en el corazón del hombre. El amor sana nuestras emociones tóxicas y dañinas. El amor nos ayuda, por ejemplo, a vencer el temor paralizante. En 1 Juan 4:18 la Biblia dice: “El amor perfecto echa fuera el temor…” (NVI). El amor también es el mejor antídoto contra el enojo crónico y el odio. Por eso Jesús nos exhorta a amar a los que nos causan dolor y nos agravian, como la vía para lidiar con el resentimiento y el odio (Mateo 5:43-45).


Para reflexionar: El amor es la cura contra las faltas y el resentimiento.

Arnoldo Arana. Valencia-Venezuela. 

Un corazón que practica el perdón


El remedio contra el enojo que produce la ofensa y el agravio, es el perdón. Un corazón que ha desarrollado un espíritu perdonador se mantiene sano y libre de resentimientos, odios y amarguras. Perdonar evita que se acumule la basura emocional – toxica – en nuestro corazón, en la forma de resentimiento, odio y amargura.

¿Te es difícil perdonar? ¿Guardas resentimiento en tu corazón? ¿Te cuesta pedir perdón? ¿Cómo manejas el orgullo cuando tienes que pedir perdón? Mucha gente habla del perdón e inclusive parece practicarlo en apariencia, pero en muchos casos tienen una definición muy simplista, retórica y alejada de la experiencia personal, que no trae sanidad ni bienestar a los involucrados. El perdón no es un concepto superficial, ni una simple práctica religiosa. Por el contrario, toca lo más hondo, íntimo y emocional del ser humano. 

El perdón es una decisión personal

Una de las dificultades con que se tropieza nuestra disposición a perdonar, es entender que el perdón es una decisión. No esperes “sentir” aprecio o compasión por alguien para perdonar. Primero decides perdonar y luego las emociones se alinearán a las acciones que conllevan a la decisión de perdonar. El perdón implica una decisión espiritual y moral que refleja una postura conciliadora ante el ofensor. Es más que un mero sentimiento.

Para reflexionar: Negarse a perdonar es como tomarse un veneno y pretender que le haga daño a quien guardamos resentimiento.


Arnoldo Arana. Valencia-Venezuela.