martes, 11 de noviembre de 2014

Un corazón que anda en rectitud



La evidencia de un corazón sano se expresa en los comportamientos. Un comportamiento santo, recto e integro - que camina en verdad y justicia - es la prueba de que hay sanidad en el corazón. Ahora un comportamiento santo, recto e integro es consecuencia de apoyarse en el consejo de Dios, de reconocerle en nuestros caminos y, como consecuencia, experimentar su guía, dirección y favor.

No hay nadie más confiable que Dios. Él nunca falla, ni se equivoca, ni decepciona. Dios es ciento por ciento confiable. El proverbista consciente de que Dios es totalmente confiable, lanza el desafío de fiarse de Dios de todo corazón. Fiarse en Dios de todo corazón significa apoyarse y confiar enteramente en él, con todo lo que somos. No es una mera abstracción, creencia o asentimiento emocional, sino que abarca la totalidad de nuestro corazón: intelecto, emociones y voluntad. El corazón es el yo mismo de la persona. Fiarse en Dios implica poner todo el corazón (el yo) en apoyarse  y confiar en Dios, sin dudar ni vacilar.

Un corazón apoyado cien por ciento en Dios, es confiable. Lo opuesto a apoyarse cien por ciento en Dios, es apoyarse en la propia inteligencia y sabiduría, a lo cual la palabra de Dios nos exhorta a no hacerlo: “y no te apoyes en tu propia prudencia” (Proverbios 3:5). La razón de esta advertencia es que el corazón es engañoso, tal como lo expresa Jeremías 17:9:”Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”


Para reflexionar: Una forma de fiarse en Dios es reconocerlo en todos nuestros caminos (Proverbios 3:6) y encomendar a Dios nuestros caminos (Salmos 37:5). 

Arnoldo Arana. Valencia-Venezuela. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario