martes, 4 de noviembre de 2014

Un corazón que practica el perdón


El remedio contra el enojo que produce la ofensa y el agravio, es el perdón. Un corazón que ha desarrollado un espíritu perdonador se mantiene sano y libre de resentimientos, odios y amarguras. Perdonar evita que se acumule la basura emocional – toxica – en nuestro corazón, en la forma de resentimiento, odio y amargura.

¿Te es difícil perdonar? ¿Guardas resentimiento en tu corazón? ¿Te cuesta pedir perdón? ¿Cómo manejas el orgullo cuando tienes que pedir perdón? Mucha gente habla del perdón e inclusive parece practicarlo en apariencia, pero en muchos casos tienen una definición muy simplista, retórica y alejada de la experiencia personal, que no trae sanidad ni bienestar a los involucrados. El perdón no es un concepto superficial, ni una simple práctica religiosa. Por el contrario, toca lo más hondo, íntimo y emocional del ser humano. 

El perdón es una decisión personal

Una de las dificultades con que se tropieza nuestra disposición a perdonar, es entender que el perdón es una decisión. No esperes “sentir” aprecio o compasión por alguien para perdonar. Primero decides perdonar y luego las emociones se alinearán a las acciones que conllevan a la decisión de perdonar. El perdón implica una decisión espiritual y moral que refleja una postura conciliadora ante el ofensor. Es más que un mero sentimiento.

Para reflexionar: Negarse a perdonar es como tomarse un veneno y pretender que le haga daño a quien guardamos resentimiento.


Arnoldo Arana. Valencia-Venezuela. 

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