miércoles, 3 de diciembre de 2014

El perdón libera del estancamiento espiritual y emocional




El perdón tiene el potencial de liberar el corazón del resentimiento y el sufrimiento que aprisionan al corazón que ha sido ofendido  y agraviado.

El perdón permite retomar la vida después de haber experimentado ofensas, agravios y perjuicios por otra(s) persona(s). Más aun cuando hemos sufrido heridas existenciales (abandono paterno/materno, asesinato de un ser querido, abuso sexual, etc.).

Al no perdonar las heridas no sanan, y la persona se queda anclada en el sufrimiento y el resentimiento; y esas heridas las llevan al matrimonio, a la vida laboral, a su rol como padre o madre, etc., con un efecto negativo en esas áreas. Vivir resentido o victimizado en el sufrimiento es un trabajo muy demandante que consume mucha energía y tiempo, que dejan ser utilizados en actividades más productivas y creativas.

La actitud de perdonar permite sanar las heridas emocionales, reorganizar su vida, desarrollar una actitud resiliente ante la tragedia vivida, y continuar hacia adelante, sin amargarse y autodestruirse.

Cuando perdonamos detenemos la cadena de dolor – enojo, asimilamos la experiencia, sanamos las heridas, generamos aprendizajes, y continuamos con la vida. De esta forma traemos salud al cuerpo y a la siquis.

La falta de perdón, por el contrario, nos mantiene en el sufrimiento y el resentimiento. Y desde esos estados emocionales es imposible crecer. Es como si al elegir rumiar nuestras heridas y ofensas recibidas, nos paralizáramos y detuviéramos nuestro desarrollo humano. Cuando nos aferramos al dolor añejo, la autocompasión empaña nuestra capacidad de dar a los demás y, al asumir el papel de mártires, nos sentamos a esperar que alguien mágicamente resuelva nuestra vida.

Para reflexionar: Sin perdón no podemos crecer ni fortalecernos con la adversidad. No lograremos tampoco ser resilientes.

Arnoldo Arana. Valencia-Venezuela. 

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