miércoles, 11 de marzo de 2015

Necesitamos aprender a servir


Oswald Sanders escribió: “La verdadera grandeza y el verdadero liderazgo, no se logran reduciendo hombres al servicio de uno, sino generosamente dándose uno mismo al servicio de ellos”. El servicio requiere una actitud de renuncia, sacrificio y entrega personal. Sin embargo, visto de este modo el servicio suele ser interpretado como un signo de debilidad. 

Servir a los demás se asocia más a una consecuencia de haber fracasado, que como una misión en la vida; a una imposición, más que a una decisión personal; a  una labor monótona, más que a un acto creativo; a una actitud sumisa que empobrece, en vez de enaltecer o dignificar. Por el contrario, el servicio permite enriquecer nuestras vidas. Cuando servimos crecemos en amor, humildad y generosidad. El servicio ennoblece al ser humano.

Servir demanda desarrollar un sentido de contribución; ser constructivo y nutritivo con nuestras actitudes y acciones. No basta con tener un sentimiento positivo hacia las personas, es necesario poner en acción dicho sentimiento, a través de acciones positivas que edifiquen a las personas y satisfagan sus necesidades.

Servir además implica una disciplina de enfoque que quite un poco la atención sobre nosotros mismos y se concentre más en las necesidades de otras personas. Este enfoque no solo beneficia a las personas sobre las cuales nos enfocamos, sino que por reciprocidad de la vida, el servicio que brindamos a otros, nos ayuda a construir los peldaños de nuestra escalera de éxito. En palabras de Zig Ziglar, podemos decir que no podemos ascender a la cumbre solos. Nuestra profundidad y altitud guardan relación con la pregunta: ¿A cuántas personas hemos ayudado?

Para reflexionar: Quien no vive para servir, no sabe vivir.

Arnoldo Arana. Valencia, Venezuela.


jueves, 5 de marzo de 2015

Riqueza Tangible Duradera


Lectura: Mateo 6:20

Hay varios tipos de riquezas. Jesús habló de dos tipos: una física o tangible (que es temporal, terrenal y perecedera); y otra espiritual o intangible (que es eterna, celestial y duradera). Aunque la mayoría trata de construir la riqueza tangible, El enfatizó la relevancia de enfocarse más en la intangible. Lo que muchos no ven es que la intangible es el fundamento para la tangible, por eso ambas son necesarias y tienen un rol que cumplir. La cosmovisión acerca de la riqueza que tenga una persona, familia o sociedad determinará su condición temporal y su legado atemporal. Ahora quisiera enfatizar sobre la importancia de una buena gestión de la riqueza tangible, de tal forma que esta tenga un impacto duradero. El asunto del dinero y los bienes materiales no son un problema para Dios, pero si para algunos hombres. En este sentido, el asunto es adquirir sabiduría para impulsar la adecuada construcción de riquezas tangibles con responsabilidad, con significado, y teniendo en mente el contexto familiar y a las generaciones posteriores. El autor Dennis Peacocke dice que “la maldición de la pobreza es que la riqueza dure solo una generación”. La sociedad actual parece promover el hacer riquezas rápidamente mientras se vende el alma y el futuro de sus sucesores a través de prácticas no éticas, y del consumo y endeudamiento irresponsable. El mismo Peacocke dice que “si usted no ama a sus hijos, sus decisiones económicas tenderán a basarse en endeudarse más y adquirir más”. En esto emerge un nuevo paradigma en el liderazgo y la transformación de sociedades, y es el de conformar conglomerados de familias más sabias y fortalecidas en sus capacidades para gestionarse en este sentido, es decir, en aprender a construir, multiplicar, cuidar y transferir bienes de una generación a otra con responsabilidad, ética y ejemplaridad. El asunto no es solo construir riqueza, sino que ésta viaje por manos de gente, que con riquezas intangibles, la sepan gestionar con sabiduría, propósito y sentido de trascendencia.

Para reflexionar: Los líderes espirituales, confiables y esforzados forjan lo tangible con sentido duradero.