miércoles, 27 de mayo de 2015

Paga el precio de la honra


Cuando surge una figura en algún deporte millones se motivan a imitar sus pasos, con mucho entusiasmo se inscriben en las academias correspondientes e inician el camino en la disciplina que ha sacado a la luz lo mejor de sus héroes. En sus mentes están impresos aquellos momentos gloriosos de triunfo que tanto los emocionaron, pero, difícilmente están conscientes de las largas horas de entrenamiento, la rigurosa dieta con que se alimentan, la ausencia forzosa en los festejos familiares a causa de sus estrictos horarios, el extenuante esfuerzo físico de los entrenamientos, el coraje para derrotar las lesiones, la determinación para seguir adelante aun cuando los resultados sean adversos, la aflicción que causa la dura crítica de los expertos y muchas otras cosas más que enfrentan los deportistas de alto rendimiento.

Ese ‘otro lado de la moneda’, que no es aplaudido ni reconocido públicamente es la cuota de honor que debe pagar el deportista. El resto de los mortales no corremos con una suerte distinta, pues cada aspecto trascendente de la vida requiere del pago de su cuota de honor. 
¿Quién puede decir si los mejores libros están aún por escribirse, la mejores canciones por cantarse, las más grandes hazañas por realizarse, los mejores inventos por desarrollarse?... en espera de aquellos que estén dispuestos a pagar la cuota de tiempo, amor y disciplina que demandan.

Para Reflexionar: La honra es una virtud que todos queremos, pero pocos estamos dispuestos a pagar.


Edgar Medina, Monterrey, México.v

lunes, 11 de mayo de 2015

Hoyo 19

Lectura: Mateo 11:28

Nada mejor que un buen refrescamiento después de un juego complicado. Los jugadores de golf normalmente hacen una ronda de juego que implica recorrer 18 hoyos, y se ha instaurado “metafóricamente” en este deporte el “Hoyo 19”, que es un espacio conversacional donde los jugadores justo al culminar su jornada de juego se sientan a refrescarse, a tomar y comer algo, a reflexionar acerca de cómo les fue en su juego y las posibles mejoras a futuro; además, es una invaluable oportunidad para confraternizar con los compañeros de juego sin la presión del juego mismo. En el “Hoyo 19”:

·  Se ahogan los malos ratos entre la camaradería de los involucrados,
· Ya no hay nada que hacer, en la tarjeta de score ya se escribió lo ocurrido y solo queda tomar aprender de lo vivido para el próximo juego,
·  Se liman asperezas entre los jugadores,
·  El cuerpo y el alma se refrescan luego de una exhaustiva jornada,
·  Se asientan las bases motivacionales para volver a jugar.

Todo líder ha de tener su “Hoyo 19” con su equipo de trabajo, ese espacio para el refrescamiento, la reflexión y la camaradería luego de algún proyecto, momento exhaustivo, o etapa complicada de gestión. Pero más importante aún es tener su “Hoyo 19” personal, un espacio donde consiga de parte de su master-coach refrescamiento espiritual e inspiración para seguir adelante, a pesar de cualquier mal juego en la vida y/o liderazgo. Jesus en una oportunidad dijo, “Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso”. El “Hoyo 19” es opcional; pero ya sea en el golf, con tu equipo de trabajo o a nivel personal, vale la pena.

Para reflexionar: ¿Has agendado tu “Hoyo 19” espiritual para esta semana?

Jesus A. Sampedro Hidalgo. Valencia-Venezuela.

lunes, 4 de mayo de 2015

Tercer Tiempo

Lectura: Romanos 12:18


Con la volatilidad, incertidumbre, complejidad y rapidez en la que se mueve el mundo profesional y empresarial de hoy, es muy fácil herir gente en el camino sin darnos cuenta. Es por eso que todo líder necesita crear intencionalmente un espacio conversacional y relacional para reponer relaciones, para el perdón, la sanidad y la restitución grupal. En el juego de rugby existe una tradición conocida como “tercer tiempo”, que implica que luego de finalizado el encuentro (de dos tiempos o partes), los contrincantes se encuentran para compartir una bebida y una comida, bromear y cantar grupalmente; todo esto como una excusa para confraternizar y suavizar los resentimientos que pudieran haber surgido durante la confrontación física que implica el juego. Al estar en plena acción cotidiana, quizás estemos hiriendo a alguien (con o sin intención); y para eso necesitamos agendar un tiempo intencionalmente para saldar cuentas, para venir a pedir perdón mutuamente. El apóstol Pablo exhortó a hacer todo lo posible en este sentido al decir, “Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos” (Rom. 12:18). Los líderes espirituales no pueden darse el lujo de ignorar los sentimientos o resentimientos que puedan haber surgido en sus colaboradores durante su gestión, durante un proyecto estresante, durante un tiempo de prueba o crisis. El perdón en las relaciones es liberador y habilitador, pero más aún en el contexto de liderazgo. Recordemos que gente herida hiere, pero gente bendecida bendice. Para evitar que cualquier asunto escale, a los líderes espirituales les conviene actuar a tiempo, hacer un “alto en el camino”, abrir un espacio para el feedback, la reconstitución emocional, la valoración de los demás y el refrescamiento, es decir, nada mejor que planificar continuamente un “tercer tiempo”.

Para reflexionar: Por muy rudo que haya estado un juego, el verdadero líder controla sus pasiones con la guía de Dios en la mesa de la confraternidad del tercer tiempo.

Jesús A. Sampedro Hidalgo. Valencia-Venezuela.