martes, 24 de noviembre de 2015

Cuida tu “Espectro de Influencia”, ¡es único!


El llamado particular de algunos creyentes a convertir su lugar de trabajo en su “lugar santo” o en su mejor “área de desempeño espiritual”; es real y significativo (Aunque muchas veces incomprendido por muchos). Estimar que el ejercicio del liderazgo en el contexto eclesial es un llamamiento de más alto rango en lo espiritual, dejando a un lado o por debajo al de ser un embajador al mundo corporativo y profesional, es un error. Cualquier rol, en cualquiera de las siete montañas de influencia en la sociedad (Negocios, Gobierno, Educación, Medios de Comunicación, Entretenimiento, Familia e Iglesia) tiene el potencial de ser igualmente estratégico, digno y relevante para los asuntos del reino de Dios. El asunto es descubrir el sitio exacto para el que fuimos creados y llevar adecuadamente a cabo la misión de vida allí. El Apóstol Pablo les ruega a los creyentes en Éfeso que “vivan de una manera digna del llamamiento que han recibido” (Efesios 4:1); esto habla de un llamamiento que proviene de Dios al que corresponde comprender con suma atención. Si todos los profesionales y empresarios dejan lo que están haciendo en su rol laboral para dedicarse al trabajo ministerial al considerar a  este último “más espiritual”, entonces ese espacio de influencia laboral pudiese cerrarse, limitarse o desaprovecharse; por eso conviene reconsiderar bien el asunto del genuino llamado para cada persona. Por ejemplo, supongamos que usted es un médico y alguien más (de otra profesión como la de un ingeniero o la de un contador) trata de entrar allí a codearse entre médicos, sin tener contexto de lo que allí ocurre, ¿no le será acaso más difícil tener acceso a conversaciones significativas con otros médicos? Pues igual pasa con cualquier otra profesión u oficio. Probablemente nadie pueda alcanzar a los que “trabajan contigo” mejor que “tú”; ¿Quién les podrá mejor ejemplificar, hablar y guiar en la senda de la transformación espiritual en Cristo que su propio(a) compañero(a) de trabajo?; ese acceso ha sido otorgado para ti.

Para Reflexionar: Tu equipamiento profesional (incluyendo capacidades, experiencias y aprendizajes) y tu posición laboral actual se puede convertir en tu mejor área de influencia espiritual. Aprovéchala!

Jesús A. Sampedro Hidalgo. Valencia-Venezuela.


viernes, 6 de noviembre de 2015

¿Trabajadores diligentes o Flojera colectiva?


El trabajo esforzado y honroso genera satisfacción, produce bienestar, y le agrega valor al individuo y al ecosistema en el que convive. La cultura de trabajo latinoamericana tiene muchos contrastes que van desde países como Chile con el más alto índice de laboriosidad per cápita del mundo según la OIT (Organización Internacional del Trabajo); hasta países que ligan la flojera, la viveza y la inmediatez como propuesta natural; pensamientos colectivos que confunden inteligencia estratégica con corrupción; economías que promueven el trabajo fácil antes que el trabajo honroso (es decir, aquel que implica el uso apropiado de los talentos y dones para el trabajo). Este “coctel” en la filosofía latinoamericana del trabajo está erosionando la riqueza integral de nuestro hermoso continente, por lo que es necesario reconocer la necesidad crear una nueva cultura de trabajo diligente, que tenga por lo menos estas cuatro virtudes esenciales: honestidad, esfuerzo, excelencia y creatividad.


Hay muchas y buenas razones para ser un trabajador diligente. Por ejemplo, Federico II de Prucia refirió a la creatividad que tiene el trabajador diligente al mencionar que “El hombre que pone el corazón en lo que hace consigue soluciones donde normalmente los perezosos e indolentes se dan por vencidos”. Por otra parte, el sabio Rey Salomón hablo del posicionamiento estratégico del trabajador diligente cuando dijo, “¿Has visto a alguien diligente en su trabajo? Se codeará con reyes, y nunca será un Don Nadie.” (Proverbios 22:29). Por último, el apóstol Pablo insto a un sentido laboral aun mayor al decir, “el que no trabaje, que no coma” (2 Tesalonicenses 3:10-12).

Algunas características que permiten distinguir al trabajador diligente (en comparación con el flojo) son: 1) tiene hábitos y rutinas en su vida, 2) pone esfuerzo físico y mental en lo que hace, 3) encuentra satisfacción en proveer un trabajo bien hecho y en recibir contraprestación monetaria, 4) enseña a otros a través de su ejemplo en cuanto a actitud e integridad, 5) consigue soluciones sabias y creativas a situaciones complejas, 6) fortalece su carácter ante la interacción con otros, 7) conecta su trabajo con su propósito de vida, 8) construye riqueza duradera, 9) está mejor preparado para los tiempos difíciles, 10) duerme tranquilo, 11) Deja ejemplo y legado a sus hijos del significado de la virtud del trabajo y en el trabajo.

Para reflexionar: Enfrenta la flojera de otros con tu ejemplo de trabajo diligente, ¿Te comprometes?

Jesús A. Sampedro Hidalgo. Valencia-Venezuela.