martes, 26 de abril de 2016

Las circunstancias adversas forjan nuestro carácter

  

Noad Werster, en su diccionario de 1828, define carácter como “estampar  y gravar a través de presión”. Es a través de enfrentar las difíciles, comprometedoras o ambiguas circunstancias de la vida, con sus presiones asociadas, que se forma el carácter. Las adversidades, las crisis y circunstancias difíciles de la vida, ponen de manifiesto nuestro real carácter, revelan lo que hay adentro; revelan también nuestras grietas y debilidades. Las crisis no necesariamente forman nuestro carácter, pero la forma como decidimos enfrentarlas, la manera como reaccionamos, si edifican nuestro carácter: débil o fuerte, integro o con doblez, verdadero o falso.

Un rasgo en que se aprecia nuestro carácter es la paciencia. Al apóstol Santiago dice (1:4:):“Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna”. Desarrollar paciencia, desarrolla carácter. Si queremos crecer en carácter, necesitamos madurar en el rasgo de la paciencia.

La paciencia connota largura de ánimo, tardar en responder. Refleja dominio propio y control de sí mismo para no reaccionar con impulsividad y de manera irreflexiva ante situaciones adversas. La paciencia se muestra como una actitud reflexiva que piensa mucho y con cuidado antes de actuar o responder emocionalmente. La paciencia es contraria a la impaciencia, la intolerancia y la ira impulsiva. Está más conectada con la mansedumbre y el dominio propio.

Para reflexionar: Madura tu carácter aprendiendo a ser paciente.

Arnoldo Arana, Valencia – Venezuela.


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