martes, 14 de junio de 2016

La palabra adecuada: Indicador de la sabiduría del corazón.



Hay una relación directa entre lo que la persona es y tiene en su corazón, y lo que expresa con sus labios. El libro de Proverbios de la Biblia, expresa esta verdad:”El corazón del sabio hace prudente su boca, y añade gracia a sus labios” (Proverbios 16:23). Y Proverbios 16:21 añade:”El sabio de corazón será llamado entendido, y la dulzura de labios aumenta el saber”.  Por el contrario, “el corazón del necio proclama (publica) la insensatez” (Proverbios 12:23), como consecuencia de vivir según los antivalores de la sabiduría.

La boca habla de lo que hay en el corazón (en este contexto corazón se refiere a emociones + intelecto + voluntad). Jesús lo expresó de la siguiente manera. ”Pero lo que sale de la boca del corazón sale…”. De modo que el mejor indicador de lo que hay en el corazón de las personas, son la palabras que expresa y cómo las expresa. Las palabras cargadas de respeto, empatía y tolerancia, que se expresan con prudencia y gracia, denotan un corazón sabio; pero las palabras ásperas, apresuradas, o cargadas de crítica hablan de la fatuidad, la necedad y la ligereza de un corazón necio.   

Somos en buena medida lo que son nuestras creencias, mapas y paradigmas. Nuestra forma de pensar determina nuestra forma ser y sentir. El sabio Salomón lo expresa claramente: “Porque cuál es su pensamiento en su corazón (mente) tal es él (ese hombre) (Proverbios 23:7). De modo que si queremos hablar con prudencia, gentileza, integridad y sabiduría, necesitamos primero – en lo interno: en nuestros pensamientos – ser prudentes, gentiles, íntegros y sabios. Porque como dijo Jesús: “De la abundancia del corazón habla la boca”. Nos comportamos y hablamos en congruencia con la forma en que pensamos. Cambiar nuestra forma de hablar supone, entonces, cambiar nuestro corazón (emociones, pensamientos y voluntad). Una estrategia fundamental es revisar nuestras creencias, mapas y paradigmas, que son los que dan lugar a nuestras actitudes y conductas.

Ahora, nuestro corazón es aquello con lo que lo alimentamos. Si queremos cambiar nuestro corazón debemos revisar la dieta con que alimentamos  nuestra mente (lo que leemos, lo que vemos en televisión, con quien pasamos tiempo compartiendo, aquello en que fijamos nuestra atención). Eso requiere cierta claridad / conciencia personal y disciplina para alimentar nuestra mente con la información adecuada.

Por otra parte, otra forma de moldear nuestro corazón, es a través de la disciplina de hablar de aquello que edifica, nutre, fortalece, anima y reconforta. Nuestro lenguaje construye y edifica hacia nuestro interior.

Estas enseñanzas del rey Salomón son relevantes para todos los líderes. La sabiduría es un requisito indispensable para el buen liderazgo. La comunicación que se construye con sabiduría: sentido común, prudencia, sagacidad, juicio (capacidad de discernimiento y discriminación), justicia e integridad, son fundamentales para construir la confianza e influencia que el líder precisa forjar en sus seguidores y colaboradores. 


Para Reflexionar: Los dichos de tu boca refuerzan lo que se construye en tu corazón.

Arnoldo Arana. Valencia - Venezuela.

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