miércoles, 8 de junio de 2016

Los Líderes son como cedros. (Parte III)


 
En el contexto de la rica metáfora que provee el cedro en la Biblia para el ejercicio de liderazgo, es interesante considerar sobre el esplendor de cada árbol y el valor relativo que obtiene por ser parte de un ecosistema. Los cedros maduros se erigen a observar el paisaje de sitios más bajos, algunos incluso llegan a tocar el cielo a unos 2.000 metros de altura sobre el nivel del mar. Sus ramas son usualmente blanqueadas por nieve y hogar de águilas que construyen allí sus nidos. Sus ramas principales sirven de protección al viajero durante tormentas. La sabía que brota de su tronco es reconocida por tener exquisitas propiedades curativas, especialmente para dolores y afecciones de pecho. El olor que de ellos sale impregna agradablemente su ambiente. Sin embargo, mucho de su esplendor y crecimiento destacado se lo debe al ecosistema en el que crece. 

Una comunidad de cedros entrelazados, unidos y en red en un sistema inter-dependiente de raíces se le conoce como bosquecillo. Como grupo, los muchos árboles que lo componen son, biológicamente, un organismo. Los ancestros preferían los árboles que habían crecido en bosquecillos ya que sus troncos eran más derechos y firmes, más apropiados para trabajos en madera y para los altos mástiles de barcos. Los arboles maduros en el bosquecillo, proveen albergue, nutrición y aflojan la tierra con sus raíces, permitiendo que arboles jóvenes crezcan de los conos y fijen allí también sus raíces. Un retrato de la fortaleza del cedro entonces son los hombres y mujeres fuertes que crecen juntos, influyen con sus ramas a su entorno, cuyo tronco provee un espacio de abrigo y sanidad a otros, e impregnan su ambiente al transformar naciones, centros de influencia y culturas para el deleite de Dios.

Para Reflexionar: Los líderes se necesitan los unos a los otros para crecer en madurez, estatura, valía e influencia.

Jesús A. Sampedro Hidalgo. Valencia-Venezuela.

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