martes, 27 de junio de 2017

Jesús, ¿Coach? (Parte II) - Liderazgo Integral


El entorno del mundo empresarial y profesional de hoy es conocido como VICAH (Volátil, Incierto, Complejo, Ambiguo e Híper-conectado). En un ambiente así es complicado sostener vidas en coherencia y con sentido de significado, conversaciones significativas, equipos enfocados y seguimiento efectivo en la gestión. Aunque el mundo de hoy tiene muchos líderes, un gran número de ellos se derrumban a la larga por no estar preparados para ser líderes integralmente exitosos. Son excelentes líderes en el mundo empresarial o profesional, más su caída no demora porque usualmente descuidan otros aspectos tan importantes para el éxito total, tales como el cuidado en su relación de pareja, en el desarrollo y educación de sus hijos, en su vida social, en su salud personal y por último (y quizás más importante que todos los demás) en su vida espiritual. Un coach efectivo facilita comprensión del diseño, la afinación y la sostenibilidad de todas las partes en coherencia en la vida de un líder, aun en circunstancias extremas. Procura que las aspiraciones, metas y sueños de la persona que recibe coaching estén en óptima alineación con su propósito y con su ecosistema de vida. En este sentido, considerar a Jesús como coach es conveniente no solo por su modelaje como un líder integral (Vivió la vida más ejemplar que ser alguno haya podido vivir); sino también por la forma en como Jesús conversó con sus seguidores la cual demostró su interés en la persona total. Jesús se interesó en contrastar entre lo existencial y lo trascendental al preguntar: ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? (Marcos 8:36). Pero también se interesó en las otras dimensiones relevantes como emocionales, físicas, familiares, sociales, entre otras. Siempre mantuvo interés, como todo buen coach, en la coherencia humana sostenida entre espíritu, alma y cuerpo.

Para reflexionar: ¿Cuan integral es tu liderazgo? ¿y si Jesús te hace coaching? 

Jesus A. Sampedro Hidalgo. Valencia-Venezuela.

miércoles, 21 de junio de 2017

Jesus, ¿Coach? (Parte I)

Lectura: Lucas 2:46-47


Jesús dejó trazos significativos en la forma en como conversó y empoderó a sus discípulos, que permiten conectar con lo que se ha llegado a conocer hoy como coaching. Si bien vivió en la era del imperio romano, periodo histórico altamente influenciado por la cultura y filosofía griega. Jesús sostuvo una serie de diálogos que denotan conexiones con dos elementos clave (Entre otros) del coaching: la capacidad de escucha activa y la formulación de preguntas poderosas. Él usó ambas con poder para facilitar la toma de consciencia en los interlocutores sobre asuntos de gran significado espiritual. A la temprana edad de 12 años, Jesús fue encontrado conversando y sentado en medio de los doctores de la ley, y lo que más significativo resulta es que según el relato bíblico estaba “oyéndoles y preguntándoles” (Lucas 2:46). No estaba hablando, ni aconsejándoles, ni mostrando cuanto sabía; solo estaba oyéndoles atentamente y preguntándoles. Concluye la porción refiriendo, “Y todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas.”

El mismo Jesús, años más tarde abordaba con sabiduría muchos asuntos, especialmente con sus discípulos a través de preguntas. En vez de llegar al conocimiento desde la impartición del mismo, muchas veces uso preguntas con la idea de iniciar el diálogo desde donde ellos estaban en términos de conciencia y comenzar a construir desde allí su punto. Por ejemplo, en una ocasión preguntó a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo?”, y luego de escuchar sus respuestas les pregunto, “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” (Mateo 16:13). Jesús evidencio así su preferencia por escuchar atentamente e indagar vía preguntas poderosas antes que solo impartir conocimiento, atributos de un gran coach.

Para reflexionar: Jesús aún está vivo y disponible para hacerte preguntas poderosas y escucharte, ¿te interesa?

Jesús A. Sampedro Hidalgo. Valencia-Venezuela.

viernes, 16 de junio de 2017

Curador de Autos y de Almas



Lectura: Isaías 51:1
 
Mantener automóviles que envejecen hasta que lleguen a convertirse en autos de colección es un arte. Este arte implica cuidado, trabajo duro, disciplina, inversión de recursos e intencionalidad a lo largo del camino. Eso es exactamente lo que ha hecho mi padre con varios automóviles. Recuerdo que quizás uno de los días en los que he visto emocionalmente afectado a mi padre fue cuando tuvo que vender, luego de años de cuidado, su querido “Caprice Classic”. El vió como un extraño se lo llevo para nunca más verlo, pero por el aprecio que le tenía y el tiempo invertido. Mi padre es lo que se puede llamar un curador de autos. Él sabe cómo cuidar apropiadamente un vehículo, no solo para que luzca bien, sino también para que sea de utilidad en todo su esplendor. Un curador es alguien que cree en el potencial de algo, contra todo pronóstico y se dedica a sacar lo mejor de eso en lo que se enfoca y dedica. Todo ese arte mi padre también lo ha invertido en ser un “curador de almas”. Ha visto potencial en personas donde nadie más lo ve, ha envisionado en seres humanos “hermosas esculturas” hechas de “piedras duras”. Se ha dedicado en todo momento a hablarles de Jesucristo a las personas en su espectro de influencia empresarial y profesional, y luego ha mostrado pasión por darles seguimiento hasta que den fruto o logren verse “integralmente bonitos” (así como los vehículos!). Qué bueno es poder ser parte de este ciclo que se multiplica, donde solo aquellos que hemos experimentado lo incómodo de la gracia de manos de un curador de almas, podemos desarrollar pasión para pasarlo también a las nuevas generaciones.

Para reflexionar: Ser un curador de almas es otra forma de ver lo que significa ser un discipulador.

Jesus A. Sampedro Hidalgo. Valencia-Venezuela.