viernes, 16 de junio de 2017

Curador de Autos y de Almas



Lectura: Isaías 51:1
 
Mantener automóviles que envejecen hasta que lleguen a convertirse en autos de colección es un arte. Este arte implica cuidado, trabajo duro, disciplina, inversión de recursos e intencionalidad a lo largo del camino. Eso es exactamente lo que ha hecho mi padre con varios automóviles. Recuerdo que quizás uno de los días en los que he visto emocionalmente afectado a mi padre fue cuando tuvo que vender, luego de años de cuidado, su querido “Caprice Classic”. El vió como un extraño se lo llevo para nunca más verlo, pero por el aprecio que le tenía y el tiempo invertido. Mi padre es lo que se puede llamar un curador de autos. Él sabe cómo cuidar apropiadamente un vehículo, no solo para que luzca bien, sino también para que sea de utilidad en todo su esplendor. Un curador es alguien que cree en el potencial de algo, contra todo pronóstico y se dedica a sacar lo mejor de eso en lo que se enfoca y dedica. Todo ese arte mi padre también lo ha invertido en ser un “curador de almas”. Ha visto potencial en personas donde nadie más lo ve, ha envisionado en seres humanos “hermosas esculturas” hechas de “piedras duras”. Se ha dedicado en todo momento a hablarles de Jesucristo a las personas en su espectro de influencia empresarial y profesional, y luego ha mostrado pasión por darles seguimiento hasta que den fruto o logren verse “integralmente bonitos” (así como los vehículos!). Qué bueno es poder ser parte de este ciclo que se multiplica, donde solo aquellos que hemos experimentado lo incómodo de la gracia de manos de un curador de almas, podemos desarrollar pasión para pasarlo también a las nuevas generaciones.

Para reflexionar: Ser un curador de almas es otra forma de ver lo que significa ser un discipulador.

Jesus A. Sampedro Hidalgo. Valencia-Venezuela.

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