martes, 18 de julio de 2017

Edificando la vida interior – Parte II




La raíz es el medio por el que una planta puede obtener del suelo los nutrientes y el agua que necesita para alimentarse, crecer y fructificar. El fruto del árbol (calidad, pureza) es determinado por la raíz. Y el comportamiento y las actitudes del hombre son determinados por su carácter. Si comparamos la vida del hombre con la de un árbol, diremos que lo que es la raíz (fuente de sustento y estabilidad) al árbol, lo es el carácter (identidad propia, conciencia de sí mismo, valores, emociones, voluntad) al hombre.

Stephen K. McDowell y otros autores llaman a esta relación “el principio del poder y la forma”. “Lo externo es determinado por lo interno. Todas las formas externas o estructuras provienen de algún poder interno”. El poder que es interno, precede a la forma, que es externa, y no al revés. El hombre es reflejo de este principio. Así en el hombre su fuerza y poder interior fluye de su carácter, y éste a su vez se nutre de su vida espiritual. Ron Jenson lo resume con claridad: “Su carácter es la raíz de tal fuerza y su espiritualidad es lo que le da vida a la raíz”. Este es un principio esencial en la vida del hombre, que genera poder personal, fuerza y virtud de  carácter, éxito integral, sentido de identidad y propósito, esperanza y satisfacción por la vida; o, por el contrario, aburrimiento, desencanto y hastío por la vida, vacío existencial, fatalismo, dificultad para lidiar con la cotidianidad de la vida, desesperanza y escepticismo. 

Sin integridad, entereza y coherencia de carácter, las habilidades, la inteligencia y la educación se hacen insuficientes para liderar con éxito una organización y lidiar con las demandas de la realidad.

Para reflexionar: Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida. Prov. 4:23 NTV.

Arnoldo Arana. Valencia – Venezuela.

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