martes, 27 de noviembre de 2018

Priorizar es la decisión más importante



Definir qué es lo más importante cuando todo parece serlo se hace cada vez más complejo. Algunas recomendaciones que provienen de la sabiduría de Dios, nos permiten salir de la incertidumbre para asumir decisiones estratégicas. EL sabio Salomón dijo: “El que confía en su propio corazón es necio; Mas el que camina en sabiduría será librado”. (Proverbios 28:26). Hay cuatro parámetros con los que se pueden definir una prioridad, se denominan por su acróstico UTIL: Urgente, Tendencia, Importancia y Longitud. Cada aspecto se evalúa de manera independiente, en una escala común, por ejemplo de 1 a 5 donde uno es menos grave y 5 es muy grave. Así lo Urgente es todo aquello para lo cual ya se nos agotó el tiempo, en la medida en que menos tiempo tenemos más o mayor tiempo ha trascurrido desde el momento en que debimos cumplir con lo evaluado, el aspecto se hace más grave. La Tendencia es el nivel de compromiso gerencial que exige una decisión, y está dada porque: las cosas tienden a empeorar si no interviene la gerencia (tendencia de mayor gravedad), las cosas se mantienen igual intervenga o no la gerencia (gravedad media) y se resuelven solas (gravedad mínima). Por otra parte está la Importancia, la importancia hace referencia a las áreas o personas que se afectan con la decisión, si compromete a toda la empresa es grave, si compromete algunas áreas o pocas personas es gravedad media y si no afecta sino a quien toma la decisión es poco grave. El cuarto aspecto que permite tomar una decisión sabia es la Longitud, se relaciona a la rectitud de los caminos de Dios y depende de nosotros cuanto podamos recorrer de ellos sin desviarnos de su guía, sin añadir argumentos para justificar decisiones desalineadas de los principios bíblicos. En este sentido sólo hay una evaluación, ¿estamos siendo rectos o no?, rectos 5, desviados 0. Si tu evaluación es 0, la recomendación es que no importa que tan buena y prioritaria parezca la decisión no conviene tomarla.

Reflexión: ¿Sigue un plan dado por Dios y Sus directrices para guiar la organización?

Mauricio Ramírez Malaver. Bogotá, Colombia.

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